Por: Héctor Abad Faciolince

Preguntas sobre la plata

Ante la cíclica y misteriosa crisis fiscal de las economías avanzadas (Europa y EE.UU.) la BBC les preguntó esta semana a algunos eminentes economistas del mundo si "el capitalismo occidental ha fracasado".

Entre las respuestas que dieron, uno de ellos, Tim Jackson (alguien que predica un tipo de economía ecológica y no consumista, donde el crecimiento no sea el criterio para juzgarlo todo), dijo una buena frase: “Se acabó el tiempo en que uno se gasta la plata que no tiene para comprar cosas que no necesita con el fin de impresionar a personas que no nos importan”.

Nunca he podido entender muy bien qué es la plata. La misma palabra plata (nuestra manera normal de decir dinero), quizá copiada del “argent” francés, me lleva a preguntarme cosas. Seguramente viene de los tiempos en que las monedas eran de ese metal. Pero, si es así, ¿por qué no decimos oro, que es un metal más precioso? El oro y la plata tienen un valor en sí mismos. En cambio un billete de 50 mil, intrínsicamente, cuesta lo mismo (como papel y tinta) que un billete de dos mil. Y ya eso es raro: al menos por un instante, confiamos en un papel porque el Estado dice que ese papel vale como una cosa. Sin embargo no lo metemos debajo del colchón porque sabemos que al cabo de un año, con ese mismo billete, compramos menos cosas de las que comprábamos antes. Como el olor de un perfume que se evapora, la plata pierde valor día tras día.

Si hace dos años yo hubiera cambiado por oro —por lingotes de oro— todos mis billetes y todas mis cosas, hoy con ese oro yo podría comprar muchísimas más cosas (que no necesito y para impresionar a personas que no me importan). Enriquecerse o empobrecerse puede depender de decisiones muy tontas y casi casuales. No necesariamente de mi esfuerzo o mi astucia; también de mi suerte, como se gana o se pierde en la ruleta. En la imaginación medieval todos estamos montados en la rueda de la fortuna, y a veces estamos arriba, a veces abajo. Pero ahora nadie acepta que todo dependa de la suerte.

Las reflexiones de un literato sobre la plata son seguramente más bobas que las reflexiones de un economista sobre la poesía. Pero como no hay quien no tenga, hoy en día, trato con el dinero (esa cosa misteriosa que vuela por Internet, por los cajeros, por los bancos, por las tarjetas y de mano en mano) uno siempre se pregunta si no será conveniente pensarlo todo de otra manera. Dice este economista consultado por la BBC, Tim Jackson, que debemos superar la lógica del crecimiento perpetuo. Esto lo dice para los países en su libro Prosperidad sin crecimiento. Pero a mí me parece que en el fondo lo dice también para las personas.

Se busca el más y más por miedo al menos. Si uno fuera capaz de suspender el miedo de no tener, que es el que nos lleva a querer tener siempre más; si uno pudiera conformarse con lo básico sin montarse en la espiral de más y más. La receta económica del crecimiento es como la enfermedad del gigantismo: al alcanzar el peso y el tamaño ideales el cuerpo sigue creciendo, sin parar. ¿Por qué y para qué? Ya en el mundo hay siete millardos de personas. En el planeta no hay recursos suficientes para que esos siete mil millones ganen y gasten todos cien dólares al día. Por eso la meta del crecimiento perpetuo parece suicida: conduce sólo a la destrucción del ecosistema.

¿Significa esto que el capitalismo fracasó, como dice Chávez? No sé. Si uno juzga por Venezuela, el fracaso del socialismo bolivariano es todavía peor. Lo que sí veo como un fracaso es la lógica del más, más, más. Debería haber, para los países y para las personas, una manera de parar y decir: no quiero más, no necesito más. Y disfrutar lo mucho que ya hay. Y ayudar a crecer solamente a los muchos que no tienen nada. No soy economista y ni siquiera entiendo qué es la plata. Pero lo que más me importa, la música, los libros, el amor que doy o que recibo, no me lo ha dado la plata. Creo, no estoy seguro. Porque sin plata… etc.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Héctor Abad Faciolince

La leche en polvo y la píldora

El mundial de Tailandia

Del tamaño de Dinamarca

Matar un pajarito

El mar o las montañas