Por: Cartas de los lectores

Premios y censura de prensa

Hasta marzo de 2009, en Venezuela habían sido clausuradas más de 31 radios, la gran mayoría de ellas de oposición.

Hasta el día de hoy, según varias fuentes, esa cifra alcanza las 40. Desde el gobierno se promovió también el cierre del canal RCTV, se persiguió a Globovisión, se impulsó una ley de medios que buscaba eliminar del panorama informativo, etc. Es innegable que al lado de la abierta censura de medios de comunicación que ha promovido el gobierno del presidente Hugo Chávez ha habido también una persecución violenta e inminente de periodistas de oposición: muchos de ellos escriben desde el exilio en la actualidad. Esta persecución no parece un invento de “los aliados del imperio”, como ha planteado el dirigente y los miembros de su gabinete: basta recorrer algunos de los blogs de las decenas de periodistas exiliados que cuentan su versión de la historia para entender que la libertad de prensa ha sido socavada, y que, peor aún, dicha censura abierta ha sido legitimada por muchos países de la región.

Más allá de hacer una recopilación de la gran cantidad de ejemplos que existen de censura y de persecución política, quisiera enfocarme en el rol que como periodistas tenemos en nuestra sociedad. Considero que, como intelectuales, activistas o simplemente como miembros de una comunidad académica que pretende acumular y transmitir la mayor y más rica muestra de conocimiento, tenemos la responsabilidad social de abrir el debate que suscita el premio a la comunicación popular Rodolfo Walsh, que le fue otorgado al presidente de la República de Venezuela, Hugo Chávez, por la Facultad de Periodismo de la Universidad de la Plata en Buenos Aires el pasado 29 de marzo.

Aunque en principio confío en el criterio de una universidad tan prestigiosa como la UNLP, encuentro inaceptable que un ejercicio de inclusión política e intelectual no se lleve a cabo antes de anunciar un reconocimiento de este tipo. Encuentro decepcionante e incoherente que una facultad de periodismo de tan reconocida trayectoria y tan importante nivel académico quiera imponer una visión única y parcializada de la realidad de los medios de comunicación en Venezuela: la misma versión que el presidente Chávez ha impuesto a lo largo de su mandato, que no difiere mucho de la visión que en otros momentos de la historia han impuesto otros dirigentes, que por considerar su modelo político el único posible han pasado por encima de las opiniones disidentes.

Astrid Ávila Castro. Periodista. Buenos Aires.

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