Por: José Fernando Isaza

Premoniciones

EN 1990 EL DIRECTOR JAPONÉS AKIro Kurosawa (1910-1998) realizó Sueños, un duro mensaje sobre el futuro del planeta; predomina el pesimismo, unas escenas de gran belleza permiten vislumbrar luces de esperanza.

Uno de los sueños lo titula el “Monte Fuji en Rojo”; se muestra allí una muchedumbre aterrorizada huyendo, sin saber dónde encontrar un lugar seguro, pues Japón “es un país pequeño” y algunos piensan que el volcán hizo erupción. Una planta nuclear explota y desencadena explosiones en las otras cinco. La gente huyendo de las nubes radiactivas se lanza al mar.

La escena final es desgarradora, una playa llena de objetos, coches de niños, maletas, bicicletas, una mujer con dos niños, dos hombres, uno de ellos parece ser ejecutivo de las plantas. El diálogo es de este tenor: La estupidez humana es increíble; nos dijeron que las plantas eran seguras, que no fallaban. El ejecutivo informa sobre las mutaciones y cánceres que producen las diferentes nubes radiactivas; la mujer dice que los viejos pueden morir, ya vivieron, pero los niños y jóvenes no han vivido. Los que están en el fondo del mar prefirieron una muerte rápida a una lenta y dolorosa. La mujer pide justicia contra quienes instalaron las centrales; éstos también morirán por la radiación. La escena final del sobreviviente defendiéndose de las nubes radiactivas utilizando su chaqueta para alejarlas y proteger a los niños es sencillamente desoladora.

El pasado 26 de abril se cumplieron los 25 años de la explosión de la central de Chernobyl. La catástrofe se debe a fallas humanas. En muchas ocasiones, y Chernobyl es una de ellas, existe la tendencia a sobrerreaccionar, cuando interactúan manualmente operadores con los sistemas dinámicos; tratan de regular la situación pero no el proceso. La carga de la central se redujo al 7%, generando inestabilidad; la baja temperatura del agua llevó a los operadores a retirar del núcleo las varillas de control; errores en la operación suben la temperatura del núcleo y, cuando se dan cuenta del peligro, tratan de introducir sin éxito las varillas de control; el calor deformó las guías. El núcleo explota destruyendo la bóveda de concreto. El resto es historia conocida. No se cumplieron los protocolos de seguridad que exigen tener un mínimo de varillas de control en el núcleo y no reducir la carga a niveles menores del 25%.

No seguir los procedimientos de seguridad es una práctica riesgosa. Como en ocasiones no sucede nada si se relaja una medida de control, se tiende a creer que no es inseguro obviarla. El resultado es una catástrofe.

El diseño de las centrales después de 1986 busca reducir los errores humanos. Manualmente no es posible bajar el número de varillas de control que deben ir dentro del núcleo; si la temperatura muestra tendencia a elevarse sobre los límites, las varillas descienden así los operadores, para no parar la generación de vapor, traten de impedirlo.

Fukushima fue diseñada antes de 1986. No ha ocurrido explosión del núcleo, gracias al heroísmo de los trabajadores que luchan por enfriarlo. Se han producido fugas radiactivas que se diluyen en el agua del mar y en la atmósfera reduciéndose los efectos en las zonas alejadas a las plantas.

A propósito de radiación, ¿cuánta se recibe en los controles de los aeropuertos cuando hay deficiencias en el aislamiento y el mantenimiento de las máquinas de rayos X?

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

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