Por: Santiago Montenegro

Preocupante situación del campo

TENEMOS QUE CELEBRAR QUE EL DANE haya publicado las cifras de pobreza y desigualdad para 2008, después de dos años de discontinuidad.

Las cifras indican que la pobreza bajó de 53,7% a 46%, entre 2002 y 2008, casi ocho puntos porcentuales. La indigencia también cayó, pero tan sólo dos puntos en ese período, registrando un nivel de 17,8% en 2008. Pero el resultado de la desigualdad es muy malo: el coeficiente de Gini no mejoró y sigue siendo uno de los más altos del mundo: 0,59.

El cuadro general está determinado por la pobreza del campo, que cayó tan sólo 3 puntos porcentuales, situándose en un 65% en 2008. Esta cifra es consistente con un sector agrario que ha crecido muy poco, ha generado escaso empleo y ha desplazado a muchísimas familias. Mucho más preocupante aún, la pobreza no ha bajado a pesar de la seguridad democrática, que ha aumentado la tranquilidad del campo; de los subsidios y a pesar de la protección arancelaria que ha recibido el sector agrícola. Entre tanto, en las trece grandes ciudades la pobreza cayó de 40,3% a 30,7%, mientras la pobreza extrema en estas ciudades registró un nivel de tan sólo 6,8%.

¿Está la pobreza bien medida en Colombia? En ninguna parte existe una definición perfecta, porque este es un concepto relativo y, por ello, estará siempre sujeta a discusión. Las cifras reveladas por el DANE son relativas a la llamada “línea de pobreza”, que define como pobre a una familia de cuatro miembros cuyo ingreso es igual o inferior a $1,1 millones de pesos por mes (aproximadamente cuatro dólares diarios por persona). La cifra correspondiente para estimar la indigencia es de unos $466 mil mensuales. Estas líneas son apropiadas para comparar la evolución de la pobreza y la indigencia a lo largo del tiempo, pero no son adecuadas para hacer comparaciones internacionales, porque son altas comparadas con las que tienen otros países. Por ejemplo, si se toma la línea de pobreza que define el Banco Mundial —la capacidad de compra que tienen dos dólares diarios por persona—, la pobreza en Colombia no sería de 46%, sino estaría en un rango entre un 15% y un 20%. Otro problema que tiene la actual metodología de estimación es que no se tuvieron en cuenta los subsidios que reciben los hogares, como los de Familias en Acción y los de las cajas de compensación. Dos miembros independientes del equipo técnico que ayudó al DANE a estimar estas cifras me indicaron que, teniendo en cuenta los subsidios, la pobreza sería no del 46%, sino de un 33%.

Finalmente, existe un problema, no de medición, sino de políticas públicas, que es muy grave. El reporte de la Misión para la Erradicación de la Pobreza y la Desigualdad señaló que parte de los subsidios en Colombia se están asignando mal, que mucha plata se está dirigiendo a gente que no es pobre. Si los subsidios se focalizaran bien y se orientaran a las familias y personas más pobres —a quienes más los necesitan—, la pobreza en Colombia sería significativamente más baja que los niveles actuales. De esta forma, al tiempo que hay que celebrar la publicación de las cifras de pobreza para 2008, también hay que reconocer que existen serios problemas que hay que resolver: es imperativo hacer las cifras comparables a las de otros países; es menester corregir los graves problemas de focalización y de seguimiento existentes; mejorar los sistemas de información y, finalmente, es necesario entender que la política agraria no está resolviendo muchos de los problemas del campo.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Santiago Montenegro

El Bicentenario

Así no somos viables

Encuestas, marchas y votos

La ley de financiamiento

¿Qué nos pasa?