Presidente, ¿de qué colombianos?

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Celebro el premio Joan Alcina que Francia Márquez recibirá el 9 de diciembre por su lucha favor de los derechos humanos de los pueblos de ascendencia africana.

Iván Duque abrió su discurso del 21-N diciendo: “Como presidente de todos los colombianos …” Me irrité. Nunca he sentido que él interprete ni mis intereses, ni mis anhelos. Siguió con sus acostumbrados lugares comunes, omitiendo las aspiraciones de los manifestantes, de modo que, con dificultad, indígenas, afros, docentes y estudiantes pudieran llegar a sentirse incorporados. Declaraciones como las del presidente de la SAC a propósito de la alegada sinrazón del paro nacional si daban fe de que se trataba del mandatario de los gremios financieros, terratenientes, industriales, comerciales, hoteleros y ejecutivos de la economía naranja. Por supuesto que no de los creadores de estéticas plásticas y literarias, ultrajados por allanamientos como el de Cartel Urbano que no fueron objeto ni de condena, ni de disculpa, sino más bien de legitimación.

De la representación excluyente inaugurada el 7 de agosto de 2018 depende la propuesta gubernamental que le da sentido al paro nacional. A la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito la somete a inercia e inanición, pero gestiona los medios para reiniciar las fumigaciones aéreas, ocultándoles su poder mortífero. La primera opción favorece a los pueblos indígenas, negros y campesinos, todos esperanzados por lograr la consolidación de sus resguardos, territorios colectivos y zonas de reserva. La segunda alternativa consiste en un arma bien probada y poderosa para favorecer el destierro de esos mismos pueblos. En 1975, usando el seudónimo de Mateo Mina, Michael Taussig publicó el libro “Esclavitud y libertad en el valle del río Cauca”. En sus páginas figuran cafetales y cacaotales que fueron defoliados desde finales de los años de 1950, luego de que las avionetas asperjaran los químicos requeridos. La quiebra de los campesinos negros de la zona plana del norte del Cauca cimentó una expansión latifundista de la caña de azúcar, la cual tenía otro antecedente de descampesinización. Taussig se refiere a que en los llamados “indivisos” parte de la gente esclavizada había abierto huertas de pancoger que —pese a su semiclandestinidad— permitían cierta holgura económica. Parte de esos predios se echaron a perder cuando Sergio Arboleda, uno de los amos más ricos de la región, optó por deportar sus esclavos hacia el Perú, donde los vendió. Más adelante recibiría la indemnización que el gobierno de José Hilario López les concedería a los esclavistas, luego de que el Congreso emitiera la ley de abolición el 21 de mayo de 1851.

Uno si ve a Duque como el presidente de quienes lo rodean, como la senadora María del Rosario Guerra, esposa del representante de los palmicultores o la senadora María Fernanda Cabal, cuyo cónyuge vela por los intereses de la ganadería extensiva. Dos gremios consentidos y favorecidos con las exenciones tributarias justificadas dizque para generar más empleos. A esas políticas las complementan los obstáculos a la restitución de tierras, y la negativa a poner en marcha la reforma rural integral[2]. Gente que hace pública su fe católica, pero que no ofrece propósito de enmienda por la devastación ambiental de la cual es responsable y a la cual en el Sínodo de la Amazonia el Papa Francisco catalogó como pecado de ecocidio.

Pese a la lealtad hacia estos privilegiados, parecería que al menos la Cabal, su marido y Rafael Nieto quisieran más azul de metileno. De no lograrlo, añoran una disidencia dentro del partido de gobierno[3]. Entonces, si Duque aspira a ser el presidente de más colombianos, será indispensable que las conversaciones prometidas para el 27 de noviembre sean con interlocutores menos ruines.


[1] Profesor de antropología, Universidad Externado de Colombia

[2] Palau, Juan Carlos. 2019. El Acuerdo de Paz: la resiliencia ante la incertidumbre. Razón Pública, https://razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paz-temas-30/12417-el-acuerdo-de-paz-la-resiliencia-ante-la-incertidumbre.html

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