Por: Pedro Viveros

Presidente, recuerde: IndignAcción

Hace 50 años Mario Vargas Llosa escribió el que para mí es su mejor libro: Conversación en La Catedral. La historia se desarrolla en Perú a mediados del siglo pasado. El tema central es otro, pero el contexto es la dictadura del general Miguel Odría, que transcurrió entre 1948 y 1956. El nobel peruano ha dicho siempre que esta novela es el cruce de conversaciones de muchos peruanos que oyó durante varios años. El título original iba a ser Conversaciones con un guardaespaldas. ¡Mejor que lo cambió! El trasfondo de esta obra maestra es el de la nación peruana en una época donde todo era prohibido, pero lo más restringido era hacer política. Incluso, en las primeras páginas hay una frase famosa: ¿En qué momento se había jodido el Perú?

Mi homenaje fue releer este clásico de la literatura universal. De repente, en medio de mi ejercicio, comenzaron en el continente y en el planeta una serie de reacciones sociales contra algunos gobiernos de turno. No pude evitar comparar lo que ocurría en la “jodida Perú” de Vargas Llosa y lo que hoy plantean unos movimientos sociales que a primera vista podríamos analizar como: ¿en qué momento se jodió el mundo?

En los tiempos de Odría la corrupción era rampante, los políticos eran abnegados siervos del régimen, los ciudadanos vivían impotentes por sus derechos restringidos. Mientras las letras de Vargas Llosa me recordaban estas características, en París unos ciudadanos con chalecos amarillos protestaban contra una medida que Macron proponía para reducir emisiones y luchar contra el cambio climático; en Hong Kong, uno de los dos sistemas que conforman un solo país, rechazaba una ley de extradición que los lesionaba; en Santiago de Chile se expandió como fósforo una sociedad contra el sistema político y económico, todo por el alza de un tiquete de metro y, para rematar, en Colombia un paro convocado con bastante antelación se convierte en una batalla política y social.

Todas las anteriores manifestaciones continúan activas. Esta vez todos pueden hacer política. Gran contraste con Conversación en La Catedral (hasta Perú mueve sus estructuras políticas para remover presidentes acusados de corrupción). Para algunos es una minoría la que protesta (en Colombia, según cifras oficiales el 21N, salieron 300.000 colombianos), pero esa nueva ciudadanía es la mínima representación de una inmensa discusión política que se hace de manera simultánea en toda la Tierra, sobre unos argumentos que son globales. El Odría del texto de mi relectura en la actualidad no tiene rostro, es ininteligible, porque la conversación no es contra un individuo, sino contra todo: instituciones, partidos políticos, la familia, los medios de comunicación, la Fuerza Pública, la Iglesia, etc.

¿La política es la provocadora de la situación de hoy? Sin duda. ¿La política es la solución? En parte. Sin alejarnos de la acción de los ciudadanos, hay que entender que la temática de las democracias se globalizó y los problemas de identidad se nacionalizaron. En otras palabras, los objetivos del desarrollo sostenible de la ONU son fórmulas encontradas entre Estados globales, pero la idea de calidad educativa, de desigualdad y medioambiente compete enteramente a cada país. Luego la solución a la problemática local, de cada nación, debe tener una conversación a “fuego lento” que logre empatía entre los protestantes y el gobierno de turno. Hoy la gente quiere la democracia, pero quiere sentir que sus ideas gobiernan con el gobernante. No es cambiar el mandato con el que fue elegido el presidente Iván Duque, lo que quieren es replicar el libro que él mismo escribió en 2018: IndignAcción. Pasar de la indignación a la acción.

Ni Perú ni el mundo se jodieron. Cambiaron y quieren ser oídos por medio de sus ideas, debatir sus razones y actuar sintiendo que los escuchan. Una conversación entre indignados de hoy.

@pedroviverost

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2019-12-03T00:00:55-05:00

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2019-12-03T01:13:47-05:00

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