Por: Lorenzo Madrigal

Presidentes al patíbulo

Ya se está viendo cómo a quienes han ocupado el más alto rango de la democracia les está cayendo una justicia política, como es natural sesgada, además de desestabilizadora del propio país que la opera.

Mientras están en el poder, la adulación campea, el “señor presidente” por aquí, el “señor presidente” por allá, y todos tan contentos, en especial los que disfrutan de mermelada, puestos y contratos y los que no, pero quedan epatados de sólo mirar de cerca a quien ostenta el mando de una nación, deslumbrándose de que sea de carne y hueso. He contado que yo mismo de niño me empinaba para ver al presidente Ospina dentro de un Cadillac 42 y no podía creer que respirara. Debo confesar que casi de la misma manera me impactaba el Cadillac con su motor encendido.

Hoy, como una versión del antiguo regicidio, la venganza impera y el odio de los renegados del mando rodean al exmandatario y lo acosan a morir, hasta que lo tienen en la cárcel, disminuido, casi harapiento y enfermo, como a Alberto Fujimori en el Perú de nuestros días. Por graves errores que hubieren cometido, las naciones no reflexionan en que se ofenden a sí mismas al aherrojar de esta forma a sus gobernantes, de modo especial si son producto de elección libre. Pero es que las naciones no reflexionan.

Fujimori, el Cholo Toledo, Correa, García, la Señora Fernández de Kirchner, Lula, Dilma, Temer, Noriega, Martinelli (con Santos y Uribe, si los involucran, serian 12 del patíbulo), todos ellos acusados, encarcelados, suicidados, o meramente cuestionados, son prueba de la persecutoria que se tiende hoy a quienes han ocupado el tan ambicionado sillón presidencial. Se vive hoy en Colombia, donde ha habido algo de más respeto por la dignidad del mando, cuando las Cortes, al parecer aupadas por la izquierda beligerante, llaman a indagatoria o comienzo de juicio al expresidente Álvaro Uribe.

También es verdad que a la valentía de éste de reducirse a la condición de senador y emparejarse con sus enemigos políticos, se le enfrentó la vulgaridad de la parlamentaria que no tuvo inconveniente en llamarlo, desde su curul, “sanguijuela de alcantarilla”.

Después de esto, la vejación de cárcel, que la guerrilla desmovilizada le procura, no es de extrañar. Ni que le hubieran convertido un juicio en que fungía de acusador en otro, siendo el mismo, con el papel de acusado, bajo interceptaciones telefónicas no autorizadas para él.

Se da así inicio a un juicio, político como el que más, y no se piense que con ello se zanjan inquietudes en el ánimo nacional. A mi juicio, se enardecen los espíritus y se consolida la pelea, política y jurídica, entre las facciones que dejó escindidas el anterior gobierno con su arbitrario proyecto de paz, impuesto por encima de la voluntad general.

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2019-08-19T00:00:08-05:00

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2019-08-19T00:15:01-05:00

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