Por: Alberto Carrasquilla

Presunto Despilfarro

De tiempo atrás, diversos y muy distinguidos columnistas económicos vienen repitiendo una idea según la cual --palabras más, palabras menos-- el sector público colombiano “no ahorró” durante el período de vacas gordas, a diferencia de países como Chile, Perú y Brasil.

Por esta razón, dicen, Colombia es más vulnerable al ciclo externo por tener  menos margen de maniobra para ejecutar políticas contracíclicas, ahora que la situación internacional es tan complicada. Creo que la tesis es muy cuestionable y quisiera presentar tres argumentos que la controvierten.

Primero, la hipótesis implica que entre los inversionistas que arriesgan recursos contantes y sonantes debería existir una visión completamente distinta hacia Colombia, que presuntamente despilfarró la bonanza, y Perú que muy juiciosamente la ahorró. Los números muestran que la tesis no es compartida de manera alguna por los inversionistas. Si bien a lo largo de los últimos meses la prima de riesgo es inferior allá, la diferencia es insignificante para todo propósito práctico e implica que no hay asimetrías de fondo en la percepción de largo plazo que tienen los inversionistas sobre uno y otro destino.

Segundo, la hipótesis no es apoyada por las cifras relevantes para cualquier debate sensato sobre el tema del ahorro. Me explico. Lo mismo que un hogar o una empresa, cuando el Estado ahorra, eleva el valor de su riqueza y cuando despilfarra, lo reduce. Si el patrimonio sube, es porque ahorró y es un error elemental de contabilidad argüir lo contrario.

Pues bien, en Colombia hay al menos cuatro ejemplos que sugieren que el patrimonio público subió sustancialmente durante las vacas gordas y por tanto que el ahorro público fue muy significativo. Uno, al finalizar el 2002 la deuda neta del sector público equivalía a 42% del PIB y para 2007 había bajado a 22%, implicando un efecto patrimonial positivo (ahorro), equivalente a la bicoca de 20 puntos del PIB. Dos: el cálculo actuarial de la deuda pensional, bajó en aproximadamente 45 puntos del PIB en el mismo período, con efecto claro sobre el patrimonio.  Tres, usando los precios relevantes más creíbles, es claro que el valor de las acciones del Estado en empresas como Ecopetrol, ISA, ISAGEN y Telecom se elevó sustantivamente en el período. Cuatro, la relación entre el recaudo tributario y la actividad económica se elevó de manera importante, sugiriendo que más allá del monto absoluto de los recursos recaudados, obviamente altos en una  coyuntura favorable, la DIAN logró modificar la propensión de los colombianos a tributar.

Las reformas necesarias para perfeccionar esta capitalización del patrimonio estatal se efectuaron en el período de vacas gordas y fueron decisiones que valorizaron activos y redujeron el valor de los pasivos. En ese sentido constituyen, me parece, evidencia fuerte en contra de la hipótesis que discuto.  

Tercero, unas con otras, es muy claro que en estos difíciles meses desde finales de 2008, el comportamiento de los mercados financieros --tasas de interés, tasa de cambio, reservas internacionales y precio de activos-- ha sido similar en Colombia, Perú, Brasil y Chile, muy al contrario de lo que cabría esperar al amparo de las asimetrías que  plantean varios destacados columnistas colombianos. La estabilidad cambiaria en Perú, por ejemplo, es muy superior a la colombiana, cierto, pero tiene contrapartida en la caída de sus reservas internacionales, mucho más grande que la nuestra.


El hecho es que las economías mencionadas han exhibido un comportamiento similar y,  hay que añadir, bastante favorable, en relación con el tamaño de una perturbación externa que en otras latitudes causó y sigue causando verdaderos estragos.

 

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