Por: Daniel García-Peña

Primavera palestina

Con la decisión audaz por parte de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, de presentar formalmente la solicitud de reconocimiento como miembro pleno de la ONU, Palestina ya ganó. Si bien es cierto que EE.UU. anunció que ejercerá su poder de veto en el Consejo de Seguridad, si es necesario para bloquear esta petición, la causa palestina logró importantes avances.

En primer lugar, su justo reclamo de ser reconocida como Estado soberano sin duda hoy tiene más legitimidad que nunca y cuenta con el apoyo de la mayoría de las naciones del mundo. Por otra parte, puso a EE.UU. contra la pared. De manera cordial ignoró los pedidos de Obama de retirar la solicitud y lo obligó a pelar el cobre, evidenciando estar a merced de la pequeña pero poderosa comunidad judía, particularmente en el Partido Demócrata, clave para sus posibilidades de reelección. Se acrecentó la pérdida de influencia de EE.UU. en el estratégico Oriente Medio, que ya venía en declive por su política errática y ambigua ante los grandes cambios que está viviendo la región en los últimos meses.

Pero Israel fue la más afectada. Su primer ministro, Netanyahu, otrora halcón de derecha, se vio obligado a jugar a la defensiva. Le tocó hablar de la eventualidad de la “solución de los dos Estados”, alabó a Abbas como el más indicado para hacer la paz y pidió reanudar negociaciones que ellos mismos han bloqueado, con la continuación de la construcción de los asentamientos.

Esto no podría haber llegado en un peor momento para Israel. Por un lado, se enfriaron las relaciones con su viejo aliado, Turquía, quien ahora emerge como promotor de los nuevos gobiernos en Túnez, Libia y Egipto. Por otra parte, el gobierno transicional de Egipto, su otro gran socio en la región, anda diciendo que los acuerdos de Camp David están abiertos a revisión. Pero lo más importante de este nuevo capítulo en la larga saga del pueblo palestino es el efecto que ha tenido hacia dentro. Si bien persisten grandes diferencias entre Hamás y Al Fatah, que en los últimos años se han enfrentado a muerte, la iniciativa de Abbas ha contado con un amplio respaldo de toda la población y ha propiciado la decisión de restablecer el diálogo con miras a lograr un acuerdo de gobierno de unidad. De esta manera, Palestina se insertará más efectivamente en la llamada Primavera Árabe.

Decepciona, eso sí, la posición de Colombia en todo esto. Más aún, dada la excelente labor que ha cumplido el gobierno de Santos desde su inicio en materia internacional, rectificando el alineamiento ciego de su antecesor con los EE.UU. y, peor aún, con la “guerra contra el terror” de Bush, restableciendo buenas relaciones con los vecinos, acercándose de manera constructiva y proactiva a América Latina y retornando a los principios del multilateralismo y no alineamiento. Aliarse con Israel y EE.UU. no sólo contradice todo lo anterior sino que se contrapone a los derechos de los palestinos, que más temprano que tarde, tendrán su propio Estado.

[email protected] @danigarciapena

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel García-Peña

Allez les Bleus! (et les noirs)

Yo voto Petro

Voto a favor

Marc

No vino Trump (menos mal)