Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Primer año en retro

Hoy, criticar la gestión del presidente Santos es ser políticamente incorrecto. Sin embargo, asumo el costo.

La gestión ambiental va de “retro” en el primer año de gobierno. Estamos peor que en años precedentes, a pesar de los discursos del presidente y de la buena voluntad de algunos funcionarios. La inversión en minería avanza a pasos de la pantera negra que habitaba en cercanías de Santa Marta y la agroindustria a la velocidad del venado que habitaba en el Orinoco; la gestión ambiental no alcanza el ritmo de la tortuga del Pacífico. Está literalmente paralizada, reducida a un viceministerio en Minambiente. Éste sobresale por su gestión en el tema de la vivienda, donde hay resultados en el número de viviendas iniciadas y licenciadas. Mientras en los últimos diez años el valor de las exportaciones anuales de carbón se ha incrementado en un 600% y las de petróleo en un 500%, dos actividades que demandan una mayor gestión ambiental, el presupuesto para ésta se ha mantenido constante. Esto significa que hoy hay mucho menos capacidad relativa para hacer seguimiento ambiental que hace 10 años, cuando la actividad minera era mucho menor. Estamos peor ahora que en los tiempos en los que se crearon exenciones de impuestos y regulación para la inversión extranjera con el ánimo de impulsar la exploración y explotación minera durante el último periodo de Uribe. El deterioro de la gestión ambiental se manifiesta en un presupuesto estable desde el Gobierno central, mientras la inversión extranjera, con foco en minería, petróleos y canteras, ha crecido significativamente en los últimos años. Incluso, sólo en el primer trimestre de este año creció 131% con relación al mismo periodo del año pasado. En el periodo presidencial anterior, los demócratas norteamericanos le mostraron al Gobierno el camino del respeto a los derechos humanos. Sólo falta que ahora el mercado europeo sea el que nos enseñe sobre minería ambientalmente responsable, bloqueando el ingreso de nuestras exportaciones mineras por el impacto ambiental que genera.

Soy descriptivo cuando digo que llevamos un año en “retro”, pues la minería ilegal, que usa retroexcavadoras, dragas y mercurio para extraer el oro de los ríos, avanza incentivada por el alto precio del mineral. Esperamos que el nuevo ministro de Defensa, experto en estrategia y tecnología, sea capaz de ver la maquinaria que hoy trabaja de manera ilegal a lo largo y ancho de muchos de nuestros ríos. Éste es ya un problema de seguridad nacional. A la minería ilegal se suma la precaria supervisión a la minería legal, por falta de presencia y capacidad institucional. Es tiempo de que la sociedad civil, liderada por las organizaciones ambientales y respaldada por las comunidades, empecemos a exigir coherencia a este Gobierno: entre su discurso ambiental y su gestión. No podemos aceptar que, mientras hay avances importantes en muchos campos, se esté descuidando la gestión ambiental. La única frase que podemos asociar al medio ambiente en el mensaje del presidente al Congreso, cuando presentó su informe del primer año, fue la cita de Woody Allen, “Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”. ¿Será que iremos a vivir en los campos desolados y contaminados que deja una minería precariamente regulada?

 

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