Por: Pedro Viveros

Primero Von Humboldt, después Simón Bolívar (¿?)

“¿Y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? ¡Sí podré!”. Simón Bolívar, Mi delirio sobre el Chimborazo, 1822.

El Libertador no hubiera ascendido a la cúspide de la gloria sin antes alcanzar las alturas del Chimborazo o el páramo de Pisba. Bolívar no hubiera viajado en la historia universal sin antes atravesar los ríos como el Orinoco o el Magdalena. Bolívar, a propósito del Bicentenario de la Independencia, no sería Bolívar sin mi personaje favorito de la Campaña Libertadora: Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt. Simplemente: Von Humboldt.

En la Colombia de 2019, los que relacionan con algo a este germano lo hacen con el Instituto Humboldt en unos casos y en otros, con la excelente funcionaria y bióloga Brigitte LG Baptiste, directora ejemplar de la entidad de investigación biológica del Estado colombiano. Lamento desilusionarlos, pero Alexander es más que estas dos afamadas referencias. Es, a mi juicio, el abuelo de nuestra Independencia.

Von Humboldt nació en Berlin en 1769 y murió en la misma ciudad en 1859. Fue educado muy cerca del poder prusiano. Junto a su hermano Wilhelm, padre del concepto moderno de universidad, a Goethe y Schiller, conformaron un grupo de intelectuales que por diversas disciplinas conceptuaban sobre el mundo que les tocó vivir. Los resultados de los cuatro saltan a la vista: Goethe, con Fausto; Federico Schiller, el mejor dramaturgo alemán, y Alexander, el origen o inventor de la naturaleza como disciplina del conocimiento.

La ciencia fue la ilusión permanente de Alexander von Humboldt. Su anhelo por conocer y preguntar sobre los viajes de James Cook, el inglés que descrubrió Nueva Zelanda y la Gran Barrera de Coral australiana, fue definitivo en su formación como viajero, explorador e investigador nato.

Pero ¿por qué me atrevo a decir que, sin Alexander, Simón no habría obtenido sus victorias? En 1799 el prusiano inicia un viaje por las américas (norte, centro y sur) que lo lleva a Cuba, Venezuela, Colombia (Nueva Granada), Ecuador, Perú, México y Estados Unidos. Este periplo termina en 1804 cuando regresa a París, y voilà! En una de sus presentaciones académicas parisinas, uno de los contertulios era un caraqueño menudo, rico y con mas ideales que certezas. Era un excluido dentro de un mundo que quería incluir: era Simón Bolívar.

Bolívar habla con Von Humboldt. Le hace preguntas sobre la fauna, flora, el clima y los parajes ribereños de la Nueva Granada. Alexander le da pistas, pero los originales se encuentran en Berlín. Hasta allá lo sigue el venezolano. Con muchas ansias, pero sin norte. Alexander le deja ver la cartografía a Simón. En palabras de millennials, “Von Humboldt le dio el Waze a Bolívar”.

Con esa información, el Libertador regresa a las colonias, ahora con más futuro que pasado. Puede anticiparse a las actuaciones de los españoles con mucha sagacidad. Pero ¿por qué Von Humboldt prefiere entregar información a un criollo que a un realista? Al fin y al cabo el virrey Mendinueta invitó a su finca en Fucha a Von Humboldt y a Mutis (en esta época nadie que no fuera del virreinato podía comer al interior de la sede del mismo en Santa Fe de Bogotá), para conocer al visitante que llegó a estas tierras por culpa de una tormenta en el Caribe, que lo obligó a desembarcar en Cartagena.

La razón es simple hoy, pero muy compleja para la época. Von Humboldt era anticolonialista y antiesclavista. A tal punto que el propio Bolívar escribió sobre Von Humboldt: “Fue quien despertó a Sudámerica”.

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