Por: Columnista invitado

Primivotantes, bienvenidos al futuro

Por: María Luzdary Ayala V.

Fui convocada como jurado de votación en la consulta sobre el estatuto anticorrupción y en mi puesto fuimos testigos del ingreso oficial al censo electoral de los “primivotantes”, jóvenes con sus 18 años recién cumplidos, que por primera vez se acercaban a ejercer su derecho democrático a elegir.

De los 68 primivotantes registrados en nuestra mesa, llegaron 31, es decir, casi el  50 %, lo que ya de por sí es alentador, si repasamos las históricas cifras de abstención, que precisamente recaen en la población más joven, con registros de más del 60 %. Este pequeño universo sugería una mayor participación, en particular en una convocatoria que no tenía detrás una camiseta con nombre propio ni que había sido acompañada de conciertos o de otros eventos masivos acostumbrados en las campañas electorales para alcaldías, gobernaciones, Congreso y Presidencia.

Haciendo unos cálculos muy generales con base en el resultado de nuestro puesto de votación, de los votantes más jóvenes,  no menos del 95%, es decir la gran mayoría, votó 7 veces SÍ, actitud que todavía nos llena de mayor optimismo frente a estas nuevas generaciones, que estrenaron su derecho al voto con un contundente rechazo a la corrupción estatal.

No hubo puntos No Marcados ni votos anulados ni rotos, lo que muestra que se tenía suficiente información sobre lo que se iba a votar y que los chicos se tomaron muy en serio su papel como parte de los colombianos que buscamos romper con las viejas costumbre clientelistas, con el afán de llegar al poder para repartirse entre unos pocos todos los recursos que aportamos los contribuyentes y los que ingresan por la negociación de nuestra riqueza natural para megaproyectos de extracción minera o para monocultivos que atentan contra la biodiversidad.

Fue gratificante verlos llegar y verlos votar, porque es su actitud la que nos habla de la nueva y esperada cultura del colombiano que participa, que les exige cuentas a sus elegidos y que se siente con la capacidad y, sobre todo, con el interés de revocar un mandato cuando no se cumplen los programas de gobierno anunciados.

El optimismo con los primivotantes nos lleva a pensar en un elector mejor enterado y más crítico, un elector que no va a las urnas para pagar un favor o en espera de un contrato, un ciudadano que antes de comenzar su vida profesional deja en claro que no comulga con el mecanismo perverso de la contratación con el ya conocido “CVY”, en el cual todos los que tienen que ver con el proceso de contratación, desde la apertura de la licitación hasta el pago al contratista final, se cuelgan para exigir su “mordida”.

El escenario de jóvenes votando SÍ a todo lo que conspira contra la transparencia nos transportó ese día a un escenario ideal de ciudadanos con un decidido criterio de hacer las cosas bien, de sentar nuevos cimientos para el país al que, ilusionados, le apostamos en esta elección, que si bien es significativa, siguió quedándose en los sueños truncados de los colombianos que también le dijimos SÍ a la paz y SÍ a un país que nos incluya a todos, pero no para votar por los mismos de siempre, sino para pedir cuentas y cuidar lo que nos pertenece: Colombia.

Esa nueva generación de colombianos con deseos de participar en el destino de su país nos llenó de esperanza. Por eso, cada vez que los sorprendíamos con el certificado que el Estado les otorga para reconocer su nueva condición los aplaudíamos, provocando su risa tímida o su cara de grata sorpresa. Fue la mejor manera de darles la bienvenida, pero también fue un saludo a una nueva generación de colombianos con la difícil misión de recuperar el tiempo perdido.

Gracias, primivotantes, por inspirar nuestros sueños.

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