Por: Antieditorial

¿Principio de transformación de la energía?

Por Germán Eduardo Vargas *

Las poco ambiciosas iniciativas del Banco Mundial y la ONU simplemente reducen las emisiones, no las eliminan. Por eso la demanda de la Alcaldía de Nueva York a las petroleras, que confronta la diplomacia, y la coalición Unfriend Coal, que presiona a las aseguradoras, sí pueden representar el fin de la carbonización.

Según un principio de la física, cuando la energía se transforma, aumenta el caos. Esto explica, por una parte, la irreversibilidad del progreso destructivo que dejó la combustión, y por otra, que acelerar su sustitución revolucionaría la economía que impulsó. Considerando la apremiante degradación ambiental, y el 81 % de la energía global es fósil (World Energy Outlook, 2017), la gestión de ese cambio demanda medidas radicales.

Como siempre, es necesario resolver los conflictos de interés de la industria dominante, la soberanía energética, y la pirinola costo/beneficio. Incluso, el panorama es más complejo que en 1973, sumando la huella de carbono cripto-minera y el retiro de EE.UU. del Acuerdo de París, porque garantizó su autosuficiencia con el contaminante fracking.

También el lobby de los negocios vinculados empobreció la “descarbonización” del G7 (integrado durante la crisis del petróleo) y los BRIC/OPEP (beneficiados con el súperciclo commoditie), asegurando la “conservación” de esas fuentes de energía (An insurance scorecard on coal and climate change, 2017), como demuestra la tímida censura al motor tradicional y la transigente penalización del dieselgate.

Anuncios incoherentes u oportunistas, el epicentro de la revolución industrial cerrará sus minas de carbón térmico en 2025 (y el pasado 21 de abril, por primera vez desde 1882, no incineró ese mineral), aunque Billiton y Anglo continuarán operando en países como Colombia (quinto mayor exportador), y Francia prohibió la explotación de crudo en sus territorios, aunque el impacto es marginal porque sus vehículos dependen 99 por ciento de las importaciones.

Entretanto Noruega, cuyos ingresos petroleros enriquecieron el mayor fondo soberano del mundo (The norwegian experience, 2017/24), planea reestructurar sus inversiones, y proscribió la compraventa de vehículos tradicionales para 2025. Finalmente, China, la gran incógnita, moviliza más de la tercera parte de los eléctricos, cuyo total aún no genera masa crítica (OICA, 2016).

Con nuestro potencial de diversificación, Colombia sigue dependiendo del carbón y el petróleo (93 %), apostando a perpetuidad por el desabastecimiento quinquenal, y malogrando el FAEP, que debería financiar la sustitución tecnológica. Nuestro “Ideario Energético 2050” es deplorable (UPME, 2015), Ecopetrol es una empresa dinosaurio y la regulación de beneficios para la movilidad eléctrica, emitida durante 2017, no desincentiva el uso de la combustión automotriz, que hoy consume 41 % de nuestra energía.

Los compromisos parisinos no son vinculantes y postergaron la descarbonización; por eso encuentro con optimismo aquello que la justicia determine en el caso NY, pues la conferencia climática de Bonn —donde nació el compositor de la Novena sinfonía, que expresó una visión idealista de la humanidad, celebrando los valores que necesitamos compartir—, ya proyectaba 2018 como el principio de transformación de la energía.

*Catedrático U. Javeriana.

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