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hace 6 horas

Prisión perpetua para violadores

EN NOVIEMBRE DE 2007, EN EL NAUfragio de proyectos en el Congreso cayó la iniciativa que busca modificar el Artículo 34 de la Constitución para castigar con prisión perpetua el asesinato, la violación y explotación sexual, el secuestro y maltrato severo a niños menores de 14 años.

Hoy, la Fiscalía General de la Nación impulsa nuevamente esa iniciativa en la legislatura que se inicia el 20 de julio próximo y hay tres abanderados que merecen nuestro apoyo irrestricto y oportuno, ya que apenas nos cuesta una firma: Gilma Jiménez, concejal de Bogotá, y David Luna y Simón Gaviria, parlamentarios.

En la página www.firmemospornuestrosniños.com aparece la plantilla y la opción de firma, pero lo democrático, lo ciudadano y participativo es imprimirla y circularla al mayor número de personas posible para que la meta obligatoria de 200 mil firmas sirva de referendo para presionar y que, esta vez, nuestros congresistas no despeguen la mirada de ese proyecto y den un voto afirmativo, porque es una necesidad y una obligación proteger a los niños dejando bajo custodia eterna a aquellas personas que por enfermedad o anomia social le hacen daño a seres inanes e inertes como lo son los menores de edad, a quienes muchas veces (más de las deseables) no les creen sobre los abusos de que son víctimas.

Me refiero, además, de a los sicópatas sin rehabilitación posible y los enfermos de dudosa recuperación, que son los menos, a los otros abusadores de menores que muchas veces también se convierten en asesinos para ocultar su falta. Hablo de los explotadores sexuales que derivan su sustento del cuerpo de esos pequeños y que suelen ser familiares cercanos o personas allegadas y con fachada de humanitarios: vecinos, parientes, amigos de la casa que presentan la prostitución infantil como una forma sin secuelas para solucionar los problemas económicos de todos.

Hablo de los que tienen como negocio la pornografía infantil y alimentan a bestias pedófilas aquí y más allá de los mares utilizando los adelantos de tecnología de comunicación. Hablo de los responsables directos, papá, mamá y su contraparte, padrastro y madrastra, tíos y tías a cargo, tanto como madrinas y padrinos que se ceban a golpes, inmisericordes, sobre esos cuerpos, los someten a tortura física y sicológica y los obligan a realizar las faenas más duras y humillantes para cobrarles la alimentación y cómo no, el derecho a vivir que no a ser personas.

Porque esa es la realidad de miles de niños que no aparecen en los listados de abusados y no tienen protección estatal alguna: sirven de bolsa de golpes para descargar la agonía diaria de los adultos frustrados y oprimidos por una situación social de pavor, pero no por ello menos injusta y canalla con quienes no escogieron venir a esta vida y desde la cuna se les niega todo derecho y sufren toda clase de vejaciones. Son ellos quienes más me preocupan, porque viven tras una cortina de humo, en un cotidiano brutal y ni siquiera pueden defenderse y buscar ayuda.

Muchos de los prostituidos no recuerdan su primera vez, tan pequeños eran; los golpeados están convencidos de que tienen la culpa de la situación y si no huyen, como tantos en el país, es porque le temen más a la oscuridad de la calle que a la tortura familiar. ¿Es eso futuro para la infancia de un país? ¿Piensan los señores congresistas que puede haber algo prioritario sobre un horror de ese tamaño?

Por eso invito a firmar ese referendo y hacerlo circular, porque no podemos mantenernos al margen, si apenas cuesta una firma en una planilla: se lo debemos a nuestros niños, y recuerden que somos un país de menores de edad y no podemos evadir la responsabilidad para con una mayoría.

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