Prisión perpetua: sigue el dilema

En la columna anterior de doña Lola Salcedo Castañeda se registra el nuevo impulso que la Fiscalía General de la Nación dará para que durante la legislatura iniciada este 20 de julio se modifique el artículo 34 de nuestra Constitución, tendiente a castigar con prisión perpetua el asesinato, la violación y la explotación sexuales, el secuestro y el maltrato severos en niños menores de 14 años de edad. La iniciativa es de los señores Gilma Jiménez, concejal de Bogotá; David Luna y Simón Gaviria, parlamentarios.

Para la violencia sexual, forma corrupta del maltrato infantil, intra y extrafamiliar, prácticamente está aceptada su demarcación anatómicamente en el cerebro. Entonces, las personas nacen, no se hacen. Si esto es así, tales individuos seguirán delinquiendo sin importarles en lo más mínimo los castigos impuestos, porque el deseo de lo placentero es insaciable e indiferente a su causa y la práctica se adiciona a la predisposición congénita.

La bioética, palabra formada de los términos griegos Bios, vida y Ethos, ética, tiene por fin orientar y proponer respuestas a los problemas éticos propios de los adelantos que la ciencia moderna nos plantea a diario, como el señalado artículo 34. La ética de la sexualidad radica en el respeto de los seres humanos. La violencia, la agresión, el acoso, el exhibicionismo y la provocación sexual son comportamientos negativos, en especial cuando las víctimas son menores de edad o incapaces. Son incompatibles con el respeto a la dignidad del ser humano y por ello están normalizadas en los códigos penales.

 A estos individuos no se les deben vulnerar los principios de autonomía y justicia sanitaria. El principio de autonomía establece la necesidad de respetar la capacidad de las personas racionales para tomar decisiones. El principio de justicia sanitaria es el grupo de normas que garantizan la distribución justa de beneficios, riesgos y costos. Pero, a su vez, el violador vulnera, además de la autonomía, los principios de beneficencia y de no maleficencia. El primero, obliga a obrar en beneficio de los demás. El segundo, obliga a no causar daño ni perjuicio intencionadamente.

La idea fundamental para la modificación del artículo 34 consiste en que quienes intervengan en las deliberaciones no sean personas desconocedoras del tema; deben ser expertos. Será conveniente que para modificar el artículo de marras se cuente con el apoyo de especialistas en la materia, como médicos pedíatras y especialistas en adolescentes, sexología, psiquiatría, bioética, rehabilitación, así como miembros de entidades tan prestigiosas como la Sociedad Colombiana de Pediatría, la Academia Colombiana de Pediatría y Puericultura y demás sociedades médicas ligadas a la materia, quienes contribuirán con conceptos meritorios para tal fin.

Será necesario solicitar a la Academia Nacional de Medicina de Colombia, organizar un foro previo o paralelo a las deliberaciones parlamentarias en busca de un apoyo mayor. El Instituto Colombiano de Estudios Bioéticos (ICEB), adscrito a la misma Academia, seguramente posee material suficiente, disponible, que aligere el procedimiento.

Según los principios básicos de la bioética, a las personas carentes de oportunidades iguales, por estar en desventaja —enfermedad genética, bajo cociente intelectual, medio familiar, sistema educacional, etc.—, no se les deben negar los beneficios sociales disponibles. Pero hay que considerar que son delitos mayores que atentan contra la dignidad del ser humano, como la violación y la inducción a la prostitución, en especial si son actos violentos contra la niñez, los que ameritan un castigo mayor.

Cualquiera que sea el tiempo estipulado en la sentencia, la cárcel, sola, no ofrece correctivo alguno. En Colombia las cárceles son hacinamientos sin programas de rehabilitación. La sociedad y el Estado están en la obligación de ofrecer rehabilitación, porque es un derecho legal a la atención de salud; principio de justicia sanitaria. Si la persona no es completamente responsable de sus actos, por tener raíces genéticas o socioculturales, será injusto negarle su derecho a la atención sanitaria.

 Manuel Méndez Gutiérrez. Médico Pediatra, Bogotá.

Las Farc

Muy inteligente lo que dijo Shakira, nuestros guerrilleros también son hermanos secuestrados. Están en el mismo escenario solo que desempeñando otro papel, igual de grave, porque no creo que en algún momento de su vida no lleguen a sentir repulsión por ellos mismos y por lo que están haciendo. Pienso que como lo han dicho muchos colombianos ya esta lucha dejó de tener sentido, han equivocado el rumbo de la ideología porque no se puede mezclar un ideal noble -en un pueblo oprimido y sin equidad-, con toda clase de delitos atroces, sin distinguir edad, sexo o condición social.

Como lo comenta Patricia Lara en su columna, las farc han ayudado a consolidar la seguridad democrática, bandera del presidente Uribe, con sus acciones y equivocaciones. No lo duden, los actores del conflicto son los que más fortalecen la reelección y son también los que perpetuarán a nuestro Presidente si no escuchan las voces del pueblo. Recuerden que en lo fundamental el pueblo no se equivoca. Que recapaciten y piensen en las movilizaciones que cada vez que se convocan son más numerosas.

Es hora de cambiarle el panorama a esta golpeada patria,ya no hay quien resista más. Que reflexionen y den muestras de querer acabar con el secuestro de ellos mismos, que venzan a sus secuestradores les es muy facil, y ello sin fusiles y sin derramamiento de sangre.

Doris Di Ruggiero. Bogotá.

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