“Haremos cercos epidemiológicos en algunos barrios de Cartagena”, Duque sobre la COVID-19

hace 4 horas
Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Privacidad de hombres públicos

¿Es prohibido que se ventile en los medios la vida privada de los gobernantes?

La pregunta es pertinente porque aquí se armó un escándalo cuando en las redes circuló la versión de que Iván Duque sostiene una relación amorosa con su secretaria de Presidencia. Algunos funcionarios, que no han respaldado a su jefe durante el paro, aprovecharon para jurar lealtad ciega a los “ofendidos” y reclamaron cadalso para quienes se atrevieron a tanto. Otros irascibles atacaron a Duque y su subalterna, y por el tono agresivo no es inverosímil que detrás de esa campaña odiosa estuviera un subgrupo del Centro Democrático, cobrando venganza por estar marginados del Gobierno del que ellos se creen dueños. Tampoco faltaron los oportunistas o despistados que se rasgaron las vestiduras en defensa de la vida privada del mandatario y su funcionaria, que unos puritanos y los medios convirtieron en reservada, menospreciando que la ciudadanía tiene derecho a estar informada.

La jurista española María Paz Sánchez González, en su libro Honor, intimidad y propia imagen, aborda la privacidad de los hombres públicos resolviendo las tensiones entre el derecho a la intimidad y la libre expresión. Sugiere esta autora, citando una sentencia del Tribunal Supremo, que “la ponderación entre derecho a la intimidad y a la libertad de expresión debe tener en cuenta que si la información tiene relevancia pública o interés general en cuanto puede contribuir al debate en una sociedad democrática”, prevalece la libre expresión. Comparto esa opinión en vez de la furiosa lambonería criolla que sin argumentos defendió a Duque sin siquiera preguntarse si la información difundida era o no de interés colectivo, como sí lo es, en mi criterio.

El mandatario —incluso el funcionario de cualquier nivel— que meta en la nómina oficial a su pareja sabe que está incurriendo en un abuso de poder, eso no es privado sino público. Igualmente, si el romance surge después del nombramiento debe renunciar al puesto o al amor. Por supuesto, no doy por cierta la relación entre Duque y su primera ministra, porque eso corresponde confirmarlo o negarlo a ellos, pero de haber nombrado en tan alto cargo a su compañera, esa información sí sería de interés general porque se trataría de un mandatario enredado sentimentalmente con una subalterna, lo que no es sano en un Estado de derecho en el que los dignatarios deben escogerse por méritos. El problema no es con quién duerme el gobernante, sino si sus afectos lo exponen imprudentemente a extraviarse en la conducción de la nación. Tampoco lo es si quien detenta la jefatura de gabinete está perdidamente enamorado(a) de su jefe, sino si sus deberes con el país quedarán desplazados por los avatares del corazón. En Nicaragua todo empezó cuando Ortega le asignó tareas a su segunda esposa y ella es hoy la detestable vicepresidenta de una dictadura.

Si los países se hubiesen alineado con la peregrina intimidad, a Clinton jamás le habría tocado rendir cuentas por aproximarse tanto a una exbecaria; tampoco una periodista habría publicado ahora un libro sobre las explosivas revelaciones de la vida de Melania Trump en la Casa Blanca. En Francia, el presidente Hollande fue descubierto cuando, disfrazado de motociclista, asistía a apasionados encuentros con una actriz. En España, las aventuras del rey Juan Carlos y el pasado de la reina Leticia también han sido objeto de trabajo de periodistas y biógrafos. De la monarquía inglesa ni se hable. Nadie en esos lugares ha invocado la intimidad para silenciar a la prensa, porque primero está el derecho ciudadano a estar informado sobre aspectos de interés general.

Mientras sigamos siendo una sociedad parroquial e hipócrita, preferiremos que de esos temas se murmure en cocteles y fiestas, en vez de exigirles a los medios que informen sobre aquellos aspectos de la vida privada de los hombres públicos que importan para el interés general. Como lo hacen en campaña electoral, cuando a través de publirreportajes los políticos se dejan esculcar sobre cómo fueron los coqueteos con sus parejas, en cuyo caso la gazmoñería local permite hasta el ridículo.

Adenda. Valerosa intervención del senador Iván Marulanda pidiendo el entierro de la reforma tributaria. Que después sus colegas no digan que no fueron advertidos.

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2019-12-08T00:00:26-05:00

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