Por: Pascual Gaviria

Problemas internos

LOS PERIÓDICOS CATALANES SABEN más sobre la salud de Hugo Chávez que su propio séquito en el Partido Socialista Unido de Venezuela.

Durante las dos semanas que el teniente coronel estuvo en Miraflores sus subalternos se dedicaron a interrogar el semblante del líder, y a sacar algunas conclusiones y algunas ambiciones según el tamaño de las ojeras, la palidez y el peso de la voz. Los diarios venezolanos dicen que PSUV es un “costal de gatos”, “una tiburonera”, “un pozo de caimanes”. Todas las definiciones están repletas de uñas y colmillos. Pensando sobre todo en el secreto de su historia clínica, el hijo de Bolívar ha vuelto a viajar a Cuba para tratarse el cáncer.

De modo que lo que era una ordenada fila india se ha convertido en un partidor caótico, zarandeado por los codazos contra rivales repentinos y las zalamerías para el jefe. Mientras Chávez se dedicaba a recibir la unción de los enfermos y a pedirle milagros al manto de la virgen, la revolución debía continuar y todos han intentado ponerse al frente. Adán Chávez, el hermano mayor, ha hablado de la vía armada para defender la revolución. Lo que según dice le valió un regaño por parte de Hugo. El líder del Partido Comunista ha dicho que el proceso no puede depender de una persona. Elías Jaua, el joven vicepresidente bolivariano, ha pretendido encarnar la obediencia de una manera tan perfecta que terminó por parecer un poco tonto. José Vicente Rangel hace de anciano sabio y desentendido. Diosdado Cabello buscará mover la plata de Pdvsa hacia sus rincones y el general Henry Rangel Silva utilizará el uniforme y la enorme burocracia militar en el Estado. Este último también se ha mostrado dispuesto a cumplir los estribillos de campaña por encima de la Constitución: en un descuido aprovechó para decir que las FF.AA. no tendrían por qué respetar todos los resultados electorales.

Parece que cada 10 años Chávez tiene un reto crucial en su carrera política. En 1992 fue el intento de golpe que lo lanzó al estrellato popular con una expresión inolvidable para un soldado: “Por ahora…”. En 2002 el golpe militar en su contra le permitió un regreso cargado de humildad y sentido común: Chávez era humano y compasivo. En los dos casos las Fuerzas Militares han sido claves. Sin quererlo, proporcionaron la derrota y la gran oportunidad del regreso. Es posible que de nuevo, en medio del nerviosismo por la ausencia del irreemplazable, sean ellas quienes definan el ranquin dentro del partido oficialista. No estoy dando a Chávez por muerto. Sólo digo que tras su ausencia habrá purgas, luchas y zancadillas.

Luego del golpe fallido de 2002 Hugo Chávez limpió a las Fuerzas Armadas Nacionales. Las obligó a saludar según su frase de campaña: “Patria socialista o muerte”, les cambió el nombre y les agregó las Milicias Bolivarianas como una quinta fuerza armada. Una fuerza que responde más al Partido que al Estado y que tiene conexión directa con los “asesores” cubanos encargados de dictar la doctrina en los cuarteles. Es posible que muy pronto surjan problemas entre la burocracia civil y la que viste uniforme. Hasta ahora el ala ideológica del gabinete, más cercana a las Fuerzas Armadas, parece tener ventaja sobre los pragmáticos.

Y si todo se pone muy difícil, para eso están los jueces: hoy en día hay cinco posibles rivales del chavismo investigados por corrupción y con posibilidades de ser inhabilitados para las elecciones de diciembre de 2012. Si no está Chávez, los militares elegirán el candidato oficial y los jueces allanarán el camino.

 

 

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