Por: Antonio Casale

Proceso

Si existe una palabra detestable por los hinchas de un equipo con historia es esta, proceso. Los equipos con títulos e hinchada poderosa no se pueden dar ese lujo. Con juveniles o con veteranos, clubes como Millonarios no pueden ser permanentes habitantes del fondo de la tabla.

Está bien que se intente con lo único que no se ha probado en muchos años, que se le apueste a la cantera, a esos jugadores que ya fueron campeones de la Primera C y subcampeones nacionales Sub-18. Eso es lo que un equipo grande debe hacer, ojalá por convicción y no como en este caso, por necesidad.

Pedro Franco, Oswaldo Henríquez, Luis Mosquera, Ómar Vásquez, Joiber González, Víctor Salazar o Édier Tello son nombres que poco a poco se hacen familiares para la hinchada. Se entiende que en un principio tendrán partidos buenos, malos y regulares, como sucede en todo proceso de formación y, en efecto, eso está pasando.

Eso sí, de nada sirve mostrar a jugadores juveniles si los resultados no los acompañan al menos para soñar con una clasificación. Estos pelaos tienen que acostumbrarse a ganar y para ello necesitan estar bien rodeados. Por eso el poco dinero existente se tiene que invertir en contratar bien.

Es ahí, señores, donde la palabra proceso deja de convencer. Porque no puede ser que en una cabeza estratega, de un entrenador recorrido por todos los campos futbolísticos de este país, quepa que los pelaos están bien rodeados por Boyero, Esteban Ramírez y compañía. Esa es una excelente idea, pero para quemar el futuro. Ya se oyen voces criticando a los juveniles, cuando el verdadero pecado está en la forma en que los han rodeado.

Claro que este problema no es nuevo, para citar ejemplos de refuerzos en los que se han gastado la platica en los últimos 20 años necesitaría otra columna, pero rondan por mi cabeza nombres como Perezlindo, Sangoy, el Chiquito Benítez, López Batalla, Helinho, Marinelli, Esteban González, Facundo Argüello, Denilson, Jesús Di Filippe, Juan Francisco Hirigoyen, Iván Hurtado, Cristian Santamaría o Jimmy Blandón. Todo un bosque lleno de troncos o, peor aún, un cementerio de dólares. Los mismos que hoy hacen falta para salir de la crisis cada vez peor que afronta Millonarios.

Y, mientras tanto, ¿quién responde? Esta vez no puede ser el técnico de turno, puesto que también es accionista del equipo, aunque por campañas menos malas ya se habían ido Vanemerak, Cheché, Bónner Mosquera, Peluffo, Pecoso Castro y otros tantos. En cambio el que sigue pagando las consecuencias es el de siempre, el hincha humillado y herido en su amor propio que ve temerosamente la manera como se acerca otro clásico capitalino, susceptible de un ridículo colegial.

Sin proceso no hay paraíso. Pero sin dos o tres buenos refuerzos, sin dinero para pagarles a los jugadores a tiempo y sin un entrenador que esté clarito en la raya, el lento camino a la gloria se ha convertido en la veloz autopista al infierno.

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