Por: Luis Fernando Montoya

Profesionalizar el arbitraje

“Me puedo caer, me puedo herir, puedo quebrarme, pero con eso no desaparecerá mi fuerza de voluntad”, madre Teresa de Calcuta

El desarrollo de nuestro fútbol cada vez debe estar a la altura de los países que han logrado que sus árbitros tengan categoría de profesionales, para mejorar su desempeño de manera integral y, por ende, que el espectáculo también crezca.

Para subsistir, nuestros árbitros colombianos deben tener un trabajo alterno, porque como seres humanos tienen familia, hijos, padres y deben cubrir las demás necesidades de toda persona, porque vivir con lo que les pagan no es suficiente; de ahí la importancia de profesionalizar.

El árbitro no sólo debe tener conocimientos de su oficio, preparación física y psicológica, no se puede centrar exclusivamente a esa labor, sino que se debe preocupar más por sobrevivir, rebuscando y consiguiendo lo que le complemente su día a día en el aspecto económico.

El árbitro está sujeto a las mismas condiciones ambientales que predominan durante el juego y que está desarrollando un esfuerzo físico igual o mayor que los jugadores y que a diferencia de estos últimos debe explicar sus decisiones a jugadores, entrenadores y sus propios compañeros y debe soportar la presión del público y los medios de comunicación, quienes lo evalúan, y la llegada de la tecnología al fútbol como el VAR.

En esta fase del torneo se requiere que ellos fortalezcan todas las áreas que tienen que ver con su buen desempeño para disminuir los riesgos que tiene su oficio, dar todo el apoyo a nuestros árbitros para que sean ellos los que dirijan los torneos hasta el final, y desearles lo mejor para que dejen en alto su prestigio personal y profesional.

 

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