Por: Reinaldo Spitaletta

Prófugos uribistas y otras memorias

En los Idus de junio de este año, antes de que la Corte dictara sentencia en su contra, el exministro Andrés Felipe Arias, alias Uribito, tomó las de Villadiego.

O, mejor dicho, se trastocó en prófugo de la justicia. No era (ni es) una conducta extraña de los adláteres del expresidente Uribe, varios de los cuales se han volado del país, y les ha dado por decir, como en un chiste turbayista, que son “perseguidos políticos”.

Vale recordar, sobre todo en tiempos en que la memoria es materia de olvidos, que el muy inquieto Uribito fue uno de los cerebros del programa Agro Ingreso Seguro, que pretendía dar subsidios a campesinos pobres, pero, a la postre, todo se fue para gentes de alta solvencia económica. El joven aún, en el cual Uribe fijaba todas sus esperanzas de un sucesor presidencial, también fue noticia en los días de la hacienda Carimagua, adjudicada a desplazados, pero el ahora delincuente y prófugo quiso dárselas a inversionistas privados.

En los tiempos sórdidos del gobierno del hoy senador Álvaro Uribe, no eran raras las chuzadas, como tampoco la persecución a líderes sindicales, a miembros de la izquierda y a todo aquel que no estuviera matriculado en las filas de lambones y sobasacos del presidente. Como tampoco era extraño que a muchos “perseguidos” por la ley, o por lo menos sospechosos de asesinatos y otros desafueros, los pusieran en cargos diplomáticos. Eran “buenos muchachos” que había que recompensar.

Otra uribista que vuela con las alas de los prófugos es la señora María del Pilar Hurtado, que dirigió entre 2007 y 2009, el DAS, una entidad de ingrata recordación, sobre todo para aquellos que fueron “chuzados”, a los que se les hicieron montajes pérfidos, como los realizados contra el profesor Alfredo Correa de Andreis, asesinado en 2004. Y, en fin, para los que fueron espiados ilegalmente por esta oscura institución.

Acusada de haber impartido órdenes a sus subordinados para espiar periodistas, magistrados y opositores, con la venia de la Casa de Nariño (que después de la visita de alias Job quedó llamándose la Casa de ‘Nari’), la exdirectora pidió asilo político en Panamá. Claro, con la ayuda de su patroncito Uribe.

La señora Hurtado fue llamada a responder por los delitos de concierto para delinquir agravado, abuso de función pública, violación ilícita de comunicaciones, falsedad ideológica en documento público y peculado por apropiación. Santos pidió su extradición y ahora el gobierno panameño le declaró inconstitucional el asilo. La Hurtado, que por algo trabajó en el DAS, se escabulló y ahora también pasó a la categoría de prófuga.

Estos uribistas se las traen, dicen por ahí. Poco o mucho habrán aprendido de su padrino, se escucha pronunciar. Luis Carlos Restrepo, excomisionado de paz, tiene el rastro frío. Hace rato se perdió del panorama, cuando se ordenó su captura en 2006. Quizá siguiendo las mañas de Uribe, cuando, por ejemplo, el entonces presidente le pagó una suite a un exguerrillero y delincuente, Restrepo montó el tinglado de la farsa con una desmovilización fingida de sesenta y dos presuntos guerrilleros del frente Cacica Gaitana, de “la Far”. El doctor Ternura, como también se le conoce, está prófugo.

Uribito, la Hurtado y el excomisionado, pueden ser copias (no se sabe si mejoradas, como alguna vez dijo Uribe de Arias) del senador, que al estrenar curul se encontró, por ejemplo, con que el polista Iván Cepeda le va hacer un debate por sus presuntas conexiones con el paramilitarismo y el narcotráfico. También le esperan encontrones con la parlamentaria Claudia López, que hace poco, en una emisora, dijo que “el señor Uribe pretende que lo recibamos como héroe pese a que cogobernó con la mafia del narco-paramilitarismo de la manera más burda”.

La presencia de Álvaro Uribe en el senado puede servir para que algunos opositores suyos recuerden a este país sin memoria que se trató de uno de los peores presidentes de la historia (tal vez Santos lo superará), que estuvo siempre contra los desprotegidos y humillados de Colombia, y favoreció los intereses de transnacionales y magnates. Ah, y que fue un gobierno en el que el lumpen estuvo en el poder y a su alrededor.

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Reinaldo Spitaletta

Criminalización de la protesta

Carteles, dosis mínima y represión

Literatura en voz alta

Consulta y nueva ciudadanía

Curas depredadores