Por: Manuel Drezner

Programas de conciertos

En su presentación en el Teatro Santo Domingo, el cellista Johannes Moser, además de mostrar ser un intérprete de alta categoría, con muy buena técnica y una compenetración con lo que toca, dio un ejemplo de lo que debe ser un programa de recitales, ya que el suyo incluyó sendas sonatas para cello y piano de Shostakovich, Debussy y Brahms, como quien dice, tres obras maestras para su instrumento, sin ninguna concesión y de mucha altura.

El programa de la anunciada visita de otro gran cellista, el ruso Mischa Maisky, en unas pocas semanas, en forma similar será aún más importante porque incluye nada menos que tres de las suites para cello solo de Bach, como quien dice, tres cumbres de la música.

Esto trae a cuento lo horribles que son otros programas, que por el afán del intérprete de dar gusto a todo el mundo, lo que termina haciendo es un popurrí de obras que usualmente comienza con algo interesante y continúa con una cantidad de piecitas mayores y menores pero que hacen que el recital deje de ser atractivo. Esas piezas, aunque muchas veces son oportunidad de mostrar la técnica del músico, casi nunca tienen el suficiente contenido artístico como para que obliguen a hacer un esfuerzo interpretativo. La realidad es que ese tipo de programa, que se creía que ya estaba pasado de moda, es cada vez más frecuente, con el resultado de que los amantes de la música que están interesados en oír grandes obras no asisten y ese público para el que presuntamente está dirigido ese tipo de programa, tampoco va. En últimas, creo que lo primordial en un concierto es lo que se está tocando y no el artista, así éste venga precedido de toda la fama del mundo.

No hay que olvidar que hoy día, gracias a la abundancia de oferta fonográfica con sonido de alta calidad, son muchos los que prefieren escuchar en la comodidad de su casa la música y no meterse en esas aventuras en medio del loco tráfico que implica hoy día ir a un concierto. Lo que se dice, en resumen, es que la única justificación para ir a un recital es que su programa sea suficientemente atractivo y de altura artística tal, que valga la pena hacer todo ese esfuerzo. Eso lo demostró Moser en su concierto y hay que congratularlos a él y a quien sea que haga la programación de ese teatro, que se lucieron con el excelente programa. Ojalá esto se vea en forma continua, ya que así el regalo a los amantes de la música será algo auténtico.

 

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