Por: Hernán González Rodríguez

Progresos modestos en 200 años

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó hace pocas semanas un libreto de 123 páginas titulado: “Equipo de índices e indicadores del desarrollo humano: actualización estadística de 2018”, el cual se puede obtener digitando dicho título por Google.

En la introducción a este documento nos dicen que este índice se publica desde 1990, su pionero ordenaba los países descendiendo de acuerdo solamente con el monto de los ingresos per cápita.  Pero en 2010 consideraron que también se debían incluir en él otros indicadores como el Índice de la Pobreza Multidimensional, que identifica las múltiples carencias de los hogares y las personas en salud, educación y nivel de vida.

Ahora en 2019, acaban de publicar por vez primera un IDH más completo, con cifras del año 2017 para 190 países, el cual incluye: 1) La esperanza de vida al nacer, reflejo de la salud. 2) Los años esperados de escolaridad que pueden los países asegurarle a un niño al nacer. 3) Los años promedio de escolaridad que realmente cursa la población. 4) El ingreso nacional bruto per cápita, reflejo del nivel de vida, y algunos otros indicadores no incluidos en mi resumen. 

 
 

Ocupa Colombia una posición intermedia entre los 190 países que estudió el PNUD. Nada extraordinario. Motivo de preocupación para un país con una ciudadanía y una clase política dedicadas casi exclusivamente a dictar leyes sin mayor trascendencia sobre nuestro desarrollo humano. Sin reformar ni la justicia, ni la política, ni las pensiones de jubilación, ni la educación…

Salvo Chile y Uruguay, quien escribe considera que entre los demás países latinoamericanos predominan las mentalidades heredadas de esa España sin unión ni visión, la que vio desaparecer su imperio “sobre el cual no se ocultaba el sol”. Nuestra mediocridad se relaciona con la explosión demográfica entre 1945 y 1975, cuando las familias con diez y más hijos eran alabadas. Se relaciona, así mismo, con un libre comercio salvaje y sesgado en favor de los países ricos.  Los colombianos le adicionamos a lo anterior una narcoeconomía con subdesarrollo industrial, subdesarrollo agrícola y desempleo. Ojalá no se repita en Colombia algo similar al fracaso de Mauricio Macri frente a Cristina Fernández en Argentina, entre Iván Duque frente a un Petro o un Fajardo.

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