Construir democracia

Prólogo significante (II)

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“¿A qué hora los liderazgos democráticos fueron opacados por ídolos de barro, nacidos del populismo y el autoritarismo?”. Fernando Carrillo Flórez.

Continuemos la lectura del prólogo del señor procurador, iniciada en la columna anterior.

“Ética y política. He insistido en que el humo de la guerra no dejaba ver la corrupción. A la catástrofe humanitaria, que alcanza más de ocho millones de víctimas, se suma la crisis ética que mantiene al país exigiendo respuestas y clamando justicia. La ciudadanía se pregunta: ¿cuándo se perdió la ética? ¿En qué momento la política se convirtió en una actividad desprestigiada por quienes vendieron su alma al diablo para enriquecerse ilícitamente? ¿A qué hora los liderazgos democráticos fueron opacados por ídolos de barro, nacidos del populismo y el autoritarismo?

Son muchas las respuestas. La ética se extravió ante la falta de presencia del Estado y la invisibilidad de la justicia, cuando la sanción social al corrupto se transformó en la consolidación de la cultura del más vivo y millones de víctimas se multiplicaron ante la impasibilidad de quienes debieron ser solidarios con ellas.

La crisis ética ha estado marcada por los modelos negativos que se han apoderado del imaginario colectivo. La política se devaluó en manos de quienes, con chequera en mano, han comprado la voluntad popular para apropiarse del erario. La justicia se desprestigió cuando los expedientes se convirtieron en moneda de cambio de algunos jueces. La ética se fracturó cuando el dinero se convirtió en el nuevo Dios de muchos.

Si no recuperamos la ética, el país se derrumba. Ganar la lucha contra la corrupción permitirá recuperar la buena política. Es una tarea que exige liderazgos fuertes, sin mácula alguna, forjados en la lucha diaria por la democracia, en los territorios y con la Constitución en la mano, contra la injusticia, la inequidad, la intolerancia, la barbarie, para romper las ataduras con el pasado. Es urgente un pacto ciudadano contra la corrupción. O recuperamos la ética o el país se derrumba. La Constitución de 1991 es la llave maestra para transformar a Colombia y encontrar caminos de democracia, justicia, prosperidad y convivencia.

Si a algo nos invita el texto que nos convoca es a recuperar la buena política, para que sea, nuevamente, una lucha de ideas y la manera organizada de tramitar las quejas ciudadanas.

La política hace rato se desdibujó ante los ojos de los ciudadanos. Los partidos políticos se han desteñido, el populismo ha mostrado sus fauces y los fanatismos, de izquierda o derecha, buscan apoderarse del Estado. El país necesita volver a la lucha de ideas, después de tantos años del estruendo de los fusiles. Hay que recuperar la dignidad de la política y liberar al ciudadano de las garras de los liderazgos nacidos del dinero mal habido.

Es urgente desmontar el partido de los contratistas, que se ha apoderado de la política y corroído la democracia. Nunca como ahora es necesario pensar en una seria reforma política, que conduzca a la modernización del modelo democrático, abra las compuertas de la participación ciudadana, permita la consolidación de los partidos y extirpe el cáncer de la corrupción, garantizando total financiación de las campañas y drásticos castigos a quienes violen las leyes electorales.

Hay que arrebatarles la política a los corruptos, para impedir que la democracia siga a la deriva, condenada al escepticismo. Es un mandato erradicar la corrupción que atrofia la política. Es ahora o nunca, sin aventuras constituyentes, consolidando un amplio pacto ciudadano que incluya a todos los sectores y aborde muchas tareas pendientes, entre ellas la reforma a la justicia”.

roasuarez@yahoo.com

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