Por: Iván Mejía Álvarez

Promesas

Hace dos meses el presidente de la Dimayor, Jorge Perdomo, anunció que para las finales del campeonato profesional se tendría el VAR listo para eliminar las injusticias. Con la boca llena habló del trabajo de la administración para dotar al fútbol de ese elemento tecnológico que evitaría las suspicacias por los malos trabajos arbitrales.

Hace tres meses el señor Perdomo dijo que en enero comenzaría a operar la televisión Premium, un paquete para comprar partidos que no se seguirían transmitiendo por los canales tradicionales, RCN y WIN, que daría a los clubes unos importantes ingresos adicionales. Esos anuncios de político en trance de reelección fueron hechos sin medir la realidad y sin tener conocimientos plenos de qué estaba ofreciendo y qué metodología se debe usar. En otras palabras, como cualquier político callejero en vísperas electorales, esos que ofrecen carro, casa y beca. No habrá VAR y no lo habrá, porque no se tienen los elementos tecnológicos, porque valen mucho dinero instalarlos, porque el presidente de la Dimayor anonadado por la ignorancia de lo que estaba ofreciendo, no sabía todo lo que hay detrás del discutido equipamiento que no garantiza la justicia y que tiene muchos contradictores.

Y tampoco se tendrá el canal Premium sencillamente porque los clubes no quisieron y desecharon la oferta del presidente de la Dimayor de firmar la ampliación del contrato de televisión con sus actuales concesionarios mientras revisan el contrato que liga a la Dimayor con RCN y WIN. Los equipos están en todo su derecho de revisar las cláusulas del contrato vigente, ni más faltaba. Los actuales contratistas también tienen el derecho a llevar ante la justicia cualquier cambio a la contratación vigente, que altere lo firmado.

Eso es de ley y los abogados serán los que se lleven el botín. Lo que queda claro es que Perdomo, en su afán de protagonismo, promete y promete, y sale con unos chorros de babas que lo dejan maltrecho ante la opinión y ante los mismos directivos que ya se ríen de su espíritu parlanchín de politiquero. No habrá VAR, tampoco canal Premium, pero sí mallas rotas en los estadios, un calendario trastocado, pésimos y peligrosos arbitrajes, todo aquello que da la imagen de un fútbol a la deriva.

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