Por: Gonzalo Silva Rivas

Promesas y acciones

En variados foros del sector turístico el gobierno Santos ha anunciado, prometido como es la actual usanza, la aplicación de estrategias para mejorar el desempeño de la industria.

Por un lado ha propuesto armonizar los roles de los diferentes actores gubernamentales para hacer eficiente la capacidad de respuesta institucional mediante una visión global y estratégica de problemas y soluciones. Y por el otro, ha formulado la ejecución de proyectos de desarrollo en materia de infraestructura para ampliar y optimizar las alternativas de oferta turística.

Los proyectos bandera que se cuentan en su lista de espera para promover o acompañar en su ejecución no son de poca monta. Uno de ellos es el nuevo Centro de Convenciones de Bogotá, monumental obra de 65 mil metros cuadrados y $250.000 millones, ubicada en Corferias, que reemplazaría al Gonzalo Jiménez de Quesada. El tema está quieto y habrá que ver si este mes se cumple el anuncio que en marzo hicieran el presidente Santos y el suspendido alcalde Moreno sobre la divulgación pública del nombre de la firma diseñadora.

Para Barranquilla se tiene prevista la construcción del Centro de Convenciones del Caribe, cuyo mayor aportante será la Cámara de Comercio. El problema radica en que hace tres años con respaldo de costosos estudios y diseños se determinó levantarlo en un espacio de cien hectáreas en la zona de Loma, decisión que se reversó hace unas semanas cuando sus promotores optaron por escoger otro lote en la Vía 40, y este cambio de reglas obliga a barajar de nuevo.

En Cartagena las corrientes del mar desplazaron las playas, y el Gobierno se propuso reconstruir un frente de playa entre Marbella y Bocagrande, una de las mejores zonas del área. La tarea sigue pendiente, como lo están desde hace muchos años las labores de ordenamiento y planeación de todas las playas de la ciudad –obligación de la Administración Distrital-, afectadas por múltiples problemas, entre los que se suman ventas ambulantes, inseguridad, salubridad, aseo y ausencia de gestión y de agregados turísticos.

Otras noticias hacen fila para ser encarriladas e impulsadas y no terminar en la gaveta de las meras promesas. El ministro Díaz-Granados ha revelado que liderará la construcción de un complejo turístico de 15 mil hectáreas en Santa Marta, y que se reunirá y buscará acuerdos con las comunidades indígenas de la Guajira para desarrollar 300 kms. de playa en este departamento, todo ello en aras de abrir alternativas turísticas soportadas en estándares de calidad y sostenibilidad ambiental.

Colombia tiene la oportunidad de consolidar una etapa de crecimiento en el sector turístico pero todo dependerá de qué las variopintas promesas se conviertan en acciones oficiales.

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