Por: Columna del lector

Pronósticos Duque, 2019

Por Germán Vargas G.

El Espectador (EE), TAL como la mayoría de medios, cerró el año con editoriales que enaltecían los acuerdos logrados por el gobierno Duque: El triunfo del diálogo (18/12/2018) y Señales positivas de un acuerdo salarial (23/12/2018). Sin embargo, durante 2019 tendremos más a-cuerdos (nada cuerdos), colchas de retazos y paros de chalecos amarillos, azules y rojos.

Empezando por los principios, coincidimos en rechazar el vandalismo; por demás, los grafitis con insultos o errores ortográficos evidencian nuestra pésima calidad educativa. Retomando, la gestión de los compromisos suscritos revela confusiones en la filosofía de un gobierno que no parece dispuesto a resolver los problemas estructurales que han impedido garantizar derechos fundamentales, como la educación y el empleo digno.

EE, verbigracia, escribió: “debe seguir sentándose a hablar con la ciudadanía”. Aunque esto aparenta condescendencia, maquilla la conformidad gubernamental con las deformas tramitadas ante el Congreso; aprobadas, pero en realidad rajadas, durante 2019 Ejecutivo y Legislativo repetirán las mismas reformas del pasado curso. Parafraseando a la nada Cabal senadora [sic], ¡estudien, vagos!

Además, la intervención directa del presidente, demostrando estilo microgerencial o halo caudillista, debilitó más a su gabinete ante sus grupos de interés. Sucede igual con sus “Consejos Comunitarios”.

Des-orientado, proyecta falta de armonía con su des-centrado partido de gobierno. Este género de disonancias fue replicado cuando un artista le dijo que “poner de acuerdo a todos era como hacer jazz” (EE. Alto Turmequé, 9/9/2018), y le respondieron asintiendo, aunque desnaturalizaron la improvisación en dicho género [sic].

Sabotearon las leyes anti-corrupción, y extinguieron los impuestos verdes en la ley de financiamiento, “haciendo trizas los acuerdos” sobre cambio climático; el presidente perdió la batuta y simplemente intenta seguir el ritmo a sus “influencers”, empeñado por parecer el amigo más dicharachero de los 45,5 millones de colombianos. De momento, las encuestas señalan que cayó en la nota.

Emulando al exalcalde Petro cuando prorrogó los contratos de Transmilenio, o la modernización de su flota según Peñalosa, se limitó a cambiar el nombre del programa “Ser Pilo Paga”; probablemente hará lo mismo con el Icetex, desconociendo que la educación debe ser pública, gratuita, universal y permanente, ahora que las aceleradas revoluciones científicas y tecnológicas sustituyen periódicamente las carreras.

Finalmente, El Espectador abusó de superlativo, señalando que el incremento de los recursos para las instituciones públicas, como el alma máter de los colombianos, la Universidad Nacional, “irá muy por encima de la inflación anual”, pues el promedio del ajuste prometido es 4,1 %, mientras que las matrículas en la Universidad de los Andes crecieron 29,3 % durante el pasado cuatrienio (¿Cómo ha sido el incremento en precios de matrículas?, La República, 23/5/2017).

Por demás, desconoce que esto sólo resuelve el problema de una minoría que actualmente puede estudiar. Idéntico vacío impuso su reforma tributaria, al promover la automatización y no la creación de empleos, o la concertación del incremento salarial, cuyo valor no equipara el mínimo vital y desconoce la inequidad.

Presidente: rectifique; e-duque y no perju-duque al país.

 

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