Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

A propósito de la ciencia

Es conveniente distinguir el pensamiento científico del pensamiento ingenuo y, también, el pensamiento científico de lo que podemos denominar una formación erudita

Teniendo en cuenta los recientes debates presentados en torno al tema de la ciencia, me permito poner a consideración del lector unas reflexiones1 que conducen a lo que hoy podríamos entender por ciencia.

Procediendo inductivamente, quizá resulte útil enunciar las tres etapas cronológicas que, en nuestros días, podemos considerar a propósito de la evolución del concepto sobre la ciencia, sobre las ciencias. A saber: la etapa precientífica arrancaría desde la Antigüedad griega, hasta bien entrado el siglo XVIII. Una segunda etapa, desde allí hasta 1905, y la tercera, que tendería a denominarse un nuevo espíritu científico, a partir de 1905, cuando la relatividad einsteiniana transforma criterios fundamentales que se creían fijados para siempre.

Si esta es una elaboración cronológica, a propósito de la ciencia y quizá mejor de los procesos científicos, ensayemos enriquecerla. Por ejemplo: en búsqueda por esclarecer ese proceso, nos encontramos, a partir del Renacimiento, con los progresos que se dan en Italia en los campos de la mecánica, la anatomía y la astronomía con Leonardo, Vesalio y Copérnico; en Francia, Inglaterra y los Países Bajos con Descartes, Bacon y Galileo, que parecerían terminar con Newton al construir un nuevo “modelo” mecánico y matemático del universo.

Mas encontramos una extraordinaria complementación, más adelante, con los aportes del Reino Unido industrial y el París revolucionario que abrirían para la ciencia nuevas regiones de experiencia, nuevos campos como el de la electricidad. Llegando allí, el conocimiento científico ayudó a producir transformaciones con el “aparecimiento” de la energía, la máquina y la química, innovando el proceso productivo en general y el transporte (vías de comunicación) en particular.

Con ese bagaje histórico, probablemente, tenemos elementos de juicio serios para observar, describir, explicar y predecir la revolución científica de nuestra época, obviamente, con la mediación del aporte einsteiniano. Tras esta evolución que he presentado, ¿qué podríamos leer? ¿Qué podríamos observar? Parece que un impulso que va desde las construcciones y representaciones geométricas a la completa abstracción y dónde podríamos captar que el espíritu de curiosidad que ha animado a los científicos, en distintas formaciones sociales, les ha dado, en un primer momento, la esperanza de descubrir; en un segundo momento, la posibilidad de solucionar más problemas y, en un tercer momento, la probabilidad de plantear nuevos problemas. Sin embargo, notemos que las soluciones científicas en problemas diferentes no poseen el mismo grado de madurez.

Ahora, a pesar de las mutaciones que la naturaleza de la ciencia ha tenido en los últimos decenios, y aun a riesgo de equivocarme, ensayemos conceptualizarla. ¿Qué podría ser la ciencia? Digamos que es un conjunto de conocimientos organizados según leyes, estructuras cognitivas y reglas, en atención a tres formas de causalidad: física, lógica y psicológica, y a tres campos del conocimiento: mundo material, mundo intelectual y mundo humano. También puede ser un conjunto de explicaciones sistemáticas y controlables por elementos de juicios fácticos, donde su objetivo específico es la organización y la clasificación del conocimiento sobre la base de principios explicativos. Anotemos que las ciencias tratan de descubrir y formular, en términos generales, las condiciones en las cuales ocurren sucesos de diverso tipo.

Percibimos que existen otras acepciones sobre la ciencia, sobre las ciencias. Que también resulta conveniente tener en cuenta que el conocimiento científico, para que sea tenido como tal, ha de ser racional, objetivo, fáctico y trascender los hechos. Y también: analítico, especializado, claro, preciso, comunicable, verificable, metódico, sistemático, nomotético, explicativo, predictivo, abierto y útil2.

Referencias

1 Las reflexiones presentadas no deben entenderse como únicas, excluyentes o acabadas, sino más bien deben ser leídas con tal grado de flexibilidad que permitan ser retrabajadas y reformuladas.

Lecturas mínimas iniciales

Para ampliar lo expuesto, véanse: BACHELARD, GASTÓN, (1975), La formación del espíritu científico. Siglo XXI, Buenos Aires, p.p. 15-153; 281-297; BACHELARD, GASTÓN, (1995), La poética del espacio. FCE, Bogotá, p.p. 732-746; BACHELARD, GASTÓN, (1973), El compromiso racionalista. Siglo XXI, México, p.p. 43-75; BUNGE, MARIO, (2006), La ciencia: su método y filosofía. Panamericana, Bogotá, p.p. 9-138; BUNGE, MARIO, (2007), Cien ideas. Suramericana, Buenos Aires, p.p. 111-132; 162-169; 222-233; MORIN, EDGAR, (1980), Introducción al pensamiento complejo. Gedisa. Barcelona, p.p. 9-24; 85-110; 134-164; MORIN, EDGAR, (2003), Unir los conocimientos. Plural Editores. La Paz, p.p. 5-16; BOBBIO, NORBERTO, (1986), Sociedad y Estado en la filosofía moderna. FCE, México, p.p. 7-145; 182-191; 233-240; GARAY, LUIS JORGE (Coord.) (2002), Repensar a Colombia. Tercer Mundo, Bogotá, p.p, 131 – 177; HOYOS, GULLERMO, (2002), “Nuevas relaciones entre la universidad, el Estado, y la sociedad”. En: Educación superior: Sociedad e Investigación. Colciencias – ASCUN. Servigraphic. Bogotá, p.p. 149-201; ROA SUÀREZ, HERNANDO (Ed.) (1979), La investigación científica en Colombia, hoy, Guadalupe, Bogotá, p.p. 17-20; ROA SUÀREZ, HERNANDO (1986), Ciencia e investigación. En: Reflexiones universitarias. Presencia, Bogotá, p.p. 287-314; VALLEJO GÓMEZ, NELSON, “De la hechizadora ideología a la verdad de la incertidumbre”, Revista de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, México, 1997.

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