Por: Aura Lucía Mera

A propósito de las visas

LA SEMANA PASADA EN EL PAÍS DE CAli me referí a la problemática de las visas que tenemos que sacar los colombianos cada vez que debemos viajar a cualquier país del mundo con muy contadas excepciones. Ante la avalancha de comentarios de solidaridad al respecto, escribo de nuevo sobre el tema.

Es absurdo que todo extranjero que quiera llegar a Colombia lo pueda hacer libremente, solamente con el pasaporte, y nosotros tengamos que someternos a toda clase de colas, humillaciones, malos tratos, miradas sospechosas y preguntas absurdas para lograr que nos estampillen un sello con la autorización de visitar otro país. Sobre todo, en este mundo globalizado en que nuestros ejecutivos se ven en la obligación de desplazarse continuamente para cerrar negocios, hacer propuestas de inversión y abrir otros mercados.

El ejemplo que tenemos que seguir es el de Brasil. Lula da Silva, sin temblarle la mano cuando EE.UU. durante el gobierno represivo de Bush decidió imponer visa a los brasileños, inmediatamente correspondió con la misma moneda. Gringo que quiera visitar “O Pais mas bello do mondo” tiene que sacar su visa y si no, pues no entra. Así también con los demás países que le impusieron esta restricción. Y ¿qué pasó? No pasó nada. Se sometieron. Siguen haciendo negocios. Siguen llegando millones de turistas cada año y las inversiones del coloso del sur siguen creciendo.

Muchos, muchísimos colombianos, invitamos al Gobierno actual, que se inicia innovador y con deseos de dignificar el país, que tome las mismas medidas. Si la Unión Europea se cree de mejor familia que nosotros, pues de malas. Así como nos exigen la Schengen para visitar cualquier país europeo, incluyendo España, pues deberíamos exigirles visa de entrada a los que deseen llegar a Colombia. Para esto deberíamos unirnos todos los países que conformamos Unasur. Formar un bloque solidario y compacto y tratar en igualdad de condiciones a los que nos las imponen.

Me gustaría ver a todos aquellos nacidos y made in USA tomándose la fotico varias veces para que las orejas les salgan parejitas, con el pelo repelado como si les acabaran de sacar los piojos y no escondieran ningún artefacto peligroso en la maraña de las cabezas. Respondiendo preguntas tan absurdas como si “su papá fue narcotraficante”, “tiene hijos drogadictos”, “esconde armas de destrucción masiva en su casa“ y otras perlas por el estilo. Me gustaría verlos ante la mirada pétrea, separados por un vidrio de seguridad a prueba de metrallas soportando miradas escrutadoras y desafiantes. Sí. Me gustaría verlos padeciendo las mismas trabas que nos hacen padecer cuando osamos pedir permiso para visitar su país. Y a los europeos también. Sobre todo a los españoles. Con quienes no solamente nos une todo, sino que los estamos salvando en muchos aspectos, ayudándolos con mano de obra y hasta con el equilibrio de las tasas de natalidad.

Con Ecuador igual. A ver cuándo se termina de una vez por todas el “apostillado” del pasado judicial. Nadie sabe dónde va a parar ese dinero. Ni para qué sirve. Sería justo que la cédula de identidad o el pasaporte fueran suficientes. Mucho más en estos momentos en que las relaciones vuelven a su normalidad y seguimos siendo hermanos, ya sin rencores ni malos entendidos.

Colombia no debe temer ninguna represalia. Seguimos siendo un país privilegiado en tesoros naturales. El turismo no se acabará. Tampoco las inversiones de países extranjeros. También somos un paraíso para muchísimas empresas que desean invertir aquí. Por lo tanto no tenemos por qué dudar en exigir igualdad de trato y respeto. A visa, visa. No más humillaciones unilaterales.

 

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