Por: Daniel Pacheco

Propósitos para el paro

Hoy vuelve el paro. El Comité de los más de 100 puntos convocó para hoy cacerolazos en las plazas principales de las ciudades colombianas. Después de terminar el año con un pliego de exigencias tan prolífico que metieron algo para espantar a todo el mundo, está por verse si el liderazgo del Comité sobrevivió al fin de año.

Como sea, empieza el año para un movimiento diverso, poderoso y entusiasta. El paro, más allá de su representación, le dio un nuevo carácter a la oposición al Gobierno. Está en la calle y en el Congreso. En las universidades y los sindicatos. El paro seguramente querrá la Presidencia.

A un proyecto de tantas aspiraciones, que aún está tomando forma, le puede uno desear unos propósitos amplios, unos rasgos de personalidad, ya que eso de los pliegos de exigencias centenarias no funcionó tan bien. Aquí va el mío.

Lo evoco con un relato. A fin de año, desde el correo de José Félix Lafaurie salió un envío masivo con su columna de opinión: un elogio al Esmad. Por alguna razón (seguro un asesor de medios creativo), en la lista de contactos entraron figuras que apoyan el paro, además de los usuales amigos de Fedegán. Entre estas figuras estaba el escritor Santiago Gamboa, columnista de estas páginas, quien respondió así al correo con destino a todos: “Señor Lafaurie... No tengo la menor idea de cómo obtuvo mi correo electrónico, pero le ruego me saque de su lista. Recibir una comunicación de alguien como usted, a quien considero nefasto para el país y peligroso para la sociedad, me hace sentir una mezcla de miedo y asco”. Francisco Gutiérrez Sanín, también columnista y amigo del paro, respondió a su vez el mensaje de Gamboa, también con destino a todos: “Comparto totalmente el contenido y los términos de la respuesta enviada por Santiago Gamboa”. Un par más se siguieron sumando.

Las respuestas me hicieron recordar las consignas menos creativas del paro: “Uribe asesino”, “Fuera cerdo”, “Uribistas paracos”. Ninguno comentó la columna de Lafaurie. El problema no era lo que decía, sino haber recibido algo de él. Estos líderes intelectuales, que hace no mucho hicieron llamados efusivos para hacer la paz con otros contrarios (estos sí alzados en armas), sienten asco de recibir las ideas de un opositor en el correo personal, el más impersonal de los puntos de contacto.

Incluso si aceptáramos que Lafaurie es lo peor que asumen estos intelectuales del paro, hay algo de hipocresía en tratarlo con ese desprecio violento. Porque, y cito a Gamboa, en su ensayo Guerra y paz, que escribió para apoyar el proceso de paz con las Farc: “Es muy violento darse la mano y dialogar con quien ha martirizado y herido de muerte a los míos, es violento hacerle concesiones y reconocer como igual al que ha destruido mi casa, quemado mis tierras, usurpado mis templos. Es sumamente violento, y sin embargo debe hacerse”.

¿Y por qué debe hacerse? Acá regreso a los propósito para el paro. Según Gamboa, “se debe hacer porque se ha hecho siempre y porque es lo correcto (…); pero cada vez que se hace es como si fuera la primera vez, porque cada guerra, desde la más antigua, tiene un rostro distinto, una temperatura que le es propia e incluso una cierta prosodia. Esto es comprensible, pues no todas las sociedades luchan de la misma manera y por eso cada guerra es también la expresión de una forma de cultura. Asimismo, cada una tiene su paz, la que le es propia y le sirve solo a ella, en particular, no a ninguna otra”.

Hoy la nueva temperatura sigue siendo de confrontación, y no solo de ideas. Hay en Colombia aún una división entre amigos y enemigos, una descalificación a la existencia misma del contrario, con “miedo y asco”. Como un nuevo actor, un nuevo vehículo de esta confrontación, el paro, que defiende la paz, debería tener el propósito explícito de seguir haciéndola, sobre todo con quienes considera sus peores enemigos.

@danielpacheco

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2020-01-21T00:00:04-05:00

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