Por: Antieditorial

Protejámonos de las protestas sociales

Por Norman Mesa Lopera

Que “Protejamos la protesta social”: claro, ni más faltaba. Los Estados que lo hacen envían un mensaje claro a sus ciudadanos, a las organizaciones que los arropan y al mundo entero de que la madurez democrática está a la vuelta de la esquina, y que quienes fungen como gobernantes de turno están seriamente comprometidos con oír los reclamos allí expuestos para no pasar de agache e intentar satisfacerlos en la medida de las posibilidades. Eso es lo que se llama untar de pueblo las acciones en pro de unir a la sociedad para hacer viable la evolución positiva de la patria entera.

Al editorial en sí poco hay que contradecirle, pues parte de unos supuestos que son voz de pueblo: que los protestantes son pacíficos, que hay infiltrados para deslegitimar el evento, que hay abusos por parte de la autoridad. Eso nadie lo sabrá y ni a los medios de comunicación ni a las autoridades hay por qué creerles, pues unos y otros están al servicio de una de las partes, o son piezas de una parte.

Hay sí una premisa inexacta en ese editorial: que ya sin las Farc las organizaciones sociales encuentran un escenario más favorable para reclamar, y es inexacta porque de aquella organización subversiva aún quedan reductos, y no sabemos si se están fortaleciendo o asociándose con otros grupos, así que vano es pretender que los lectores asiduos de El Espectador demos por hecho que hoy hay mayores garantías para la protesta social que en años anteriores.

El Espectador deja abierta la discusión para plantear soluciones que a futuro faciliten protestas sin vandalismo, y en ese orden de ideas quedan consignadas en este antieditorial dos acciones que de implementarse podrían ayudar en ese buen propósito:

1) Que las distintas organizaciones carneticen a todos y cada uno de sus abonados, y de esa manera saber a ciencia cierta si quienes delinquen durante las marchas son infiltrados o agremiados. Ese sería un buen aporte para ir saldando los pasivos acumulados con la sociedad en general y con el Estado cada que protestan.

2) Estudiar y concertar la propuesta de Fenalco Bogotá para que quienes quieran protestar constituyan una póliza aseguradora de bienes que sean sujeto del vandalismo recurrente... y esa sería una condicionante para autorizar las marchas.

Se viene el 1° de mayo, día clásico del trabajo y fecha memorable de quienes con el trabajo hacemos grande a Colombia, pero también es una fecha que a muchos les produce miedo, gracias a la combinación de manifestaciones de los sindicatos con vandalismo. ¿Será que le hacemos el quiebre a ese comportamiento este miércoles? Ese sí sería un día especial para que el sindicalismo organizado le muestre una cara distinta y más amigable a Colombia.

Creo que va siendo hora de ir desmontando la creencia popular de que las protestas sociales solo tienen un padrino ideológico en Colombia. Eso no es cierto, nunca lo ha sido y bien que lo han aprovechado algunos “líderes” para aumentar su potencial electoral. En la “otra orilla ideológica” también hay pueblo, minorías afrodescendientes, indígenas, trabajadores y hasta sindicalistas, que en cualquier momento querrán reivindicar sus derechos vía protestas, pero que de alguna manera sienten el estigma por su posición ideológica, que no es la que necesariamente determina si se es o no sujeto de reclamar derecho.

Sí, protejamos la protesta social, pero cuidémonos de sus efectos nocivos.

 

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