Por: Cartas de los lectores

Protesta por una columna

La vileza, según un “señor” pasteurizado por el pensamiento colonial y blanqueado en el “urbanismo” caleño con su límpido JGB, Mario Fernando Prado, está mal entendida. Irresponsablemente, quizá desde un aburrido escritorio en el “Beverly Hills Colombiano”, equipara campamentos guerrilleros de insurgencia con la desobediencia civil, la resistencia y la protesta de los indígenas caucanos contra la guerra que unos “señores” les han impuesto, al decidir enfrentarse por “la soberanía nacional” en las calles y campos de su territorio.

El problema del Cauca no es la estrategia de supervivencia indígena y es Mario Fernando Prado quien, equivocadamente, se atribuye el derecho (con la episteme de un antropólogo del siglo XIX) de juzgar la actitud de unas personas hastiadas de nuestro basurero de balas y muertos.

En su insolencia cultural de “moderno progresista” no puede atribuirse el derecho de juzgar y criminalizar a los dueños de su territorio, que son los indígenas colombianos; “Don” Mario Fernando debe recordar que lo original son los tomates, los chontaduros y las papas que digiere para vivir mejor y más.

Aquella geopolítica, trazada desde “el norte libre y democrático”, nos ha criminalizado enormemente entre hermanos y hoy se siente con más fuerza sobre los pueblos originarios. Cuando el “deber ser” de la humanidad se impone con violencia en las leyes escritas desde los centros políticos y bélicos de la administración mundial ¿de qué soberanía habla el “respetado” “Señor Don” Mario Fernando, si hasta el soldado de menor rango norteamericano tiene más poder ante la ley colombiana y goza de una inmunidad mayor a la del más blanqueado, “educado”, “pensante”, “progresista” y “decente” de los vallecaucanos?

“Ese tonito de yo no fui con que suelen engañar a los incautos de siempre” no es más que una posición legítima ante un Estado que ya no es de bienestar, ni de derecho, sino uno policivo, hipócrita, megaminero y represor-reprimido. Al criollo Prado hay que decirle que el problema es la geopolítica antidrogas, no la actitud desesperada de los verdaderos padres de la patria, nuestros hermanos mayores ofendidos por villanos educados en la ley del que pegue más duro; la posición de gente como Mario Fernando Prado demuestra el racismo y la colonialidad del ser, dominando nuestros sentimientos ante otras formas de entender el mundo, válidas y menos “viles” que las que hemos naturalizado como justas y civilizadas.

 

Edwin Gómez Cerón. Cali.

 

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