Por: Catalina Ruiz-Navarro

¿Protestar cómo?

En la Universidad del Rosario cuelgan dos pendones. Uno muestra la imagen de estudiantes en clase, tomando notas, levantando la mano, etc., el otro al ESMAD bombardeado de pintura, una X gigante, y abajo se lee: “Así NO es en el Rosario”. Ambas opciones son caricaturas.

La primera con frecuencia cae en lo aséptico y lo apático y la segunda vía es fastidiosa para todos, se presta para episodios violentos, para que haya (o se diga que hay) infiltrados de grupos armados, y las pintadas se ven como actos vandálicos. Lo peor es que saca a los estudiantes de sus clases y se pierden de aprender sobre la contradicción performativa que hay entre exigir educación y no estudiar, en simultáneo.

Esa incomodidad que produce la protesta callejera es su objetivo: que la vida diaria se altere y obligarnos a escuchar, así sea con disgusto, lo que dicen los marchantes. Pero entonces la opinión pública se va contra los protestantes que a su paso causan malestar y pierden el favor de la gente. Es difícil apoyar un paro en el que se desperdician 10.700 millones diarios en un país urgencias como el invierno. Eso sin contar los argumentos poco serios, como decir que la reforma busca privatizar la universidad pública, una mala lectura que ridiculiza a los estudiantes y los invalida como interlocutores, cuando son precisamente ellos, los universitarios, quienes deben presentar los mejores y más finos argumentos. La forma apolínea de oponerse es con los foros, el debate en clase, herramientas excelentes para formar pensamiento crítico, pero medidas de bajo impacto si se reducen a la teoría. Ninguno de los dos métodos es suficientemente fuerte por si solo aunque ambos en simultaneo y organizados pueden tener un efecto importante. Algo difícil si se presentan como una disyuntiva. A la vez hay que gritar y saber lo que se grita.

Una pregunta que hay que hacer es qué maneras son las más efectivas para protestar y cómo articularlas. Claramente lo que funcionó en los 90 no va a funcionar ahora, y como dice Santos, es de imbéciles no cambiar cuando las circunstancias cambian. Hoy las herramientas disponibles son otras, y la reacción que tiene la gente a las marchas ha cambiado (desde el 2008 todas parecen insulsas, pequeñas y repetitivas). Hay que pensar en intervenir en las sesiones plenarias y en buscar tanto el apoyo de los ministros como de la ciudadanía, las batallas hoy no se ganan sin lobby.

No sirve la protesta si solo incomoda, o si se queda desconectada y en las aulas de clase. Lo que se juega con una reforma a la educación es muy importante por eso no basta con ser escuchados, lo más importante es ser efectivos, y eso se logra con organización y con pensamiento estratégico. En este momento las condiciones están dadas para poner sobre la mesa una discusión sobre la toda la educación, debate que hace rato no se da a nivel nacional y donde se debe hablar de facilidades para la financiación y una mejora de la calidad pensadas a largo alcance.  Los llamados a hablar que hace la Ministra deben asumirse con argumentos sensatos, sin radicalismos que obstaculizan la mediación, porque con el paro perdemos todos y un buen acuerdo no será escandaloso, pero sí potencialmente revolucionario.

@Catalinapordios

 

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