Por: Reinaldo Spitaletta

Protestas estudiantiles

Hace cuarenta años, Colombia se estremeció con el movimiento estudiantil que involucró a casi todas las universidades públicas y muchas privadas. Entonces, una de las consignas era “por una educación nacional, científica y de masas”, propicia para el momento en que, por ejemplo, Estados Unidos metía baza en los programas académicos de las universidades latinoamericanas.

Aquel levantamiento multitudinario, que convirtió por primera vez en Colombia a los jóvenes como protagonistas de su historia, vivió momentos estelares en los que parte de la sociedad (sindicatos, obreros, movimientos campesinos) apoyó las reivindicaciones estudiantiles. Habrá, desde luego, que hacer un balance histórico de esas jornadas, que hoy, de otro modo y con objetivos distintos, son revividas por las universidades colombianas.

Las manifestaciones y marchas realizadas el pasado seis de abril contra la propuesta de reforma universitaria de Santos, hicieron evocar a las de hace cuatro décadas. Claro, hoy son otros los intereses y motivaciones, y otros los protagonistas. Las modificaciones que el gobierno quiere hacer a la Ley 30 de 1992, pusieron en alerta a rectores, profesores y estudiantes universitarios, en particular a los de las universidades públicas.

La situación de “desfinanciación” de la universidad pública, además de las ganas de sectores gubernamentales de privatizarla, ha sumido a la misma en los últimos años en graves crisis económicas. En 2009, el experto en educación pública del Banco Mundial, el marroquí Jamil Salmi decía que en Colombia las universidades sufren por falta de recursos. “En Estados Unidos el gasto por alumno es de cien mil dólares al año y aquí en Colombia no debe pasar de dos mil o tres mil dólares”, afirmaba en una entrevista a El Espectador (12-08-2009).

La reforma planteada por el gobierno no responde a los cálculos financieros de las universidades públicas. Según la Ley 30, en el artículo 106, a partir del 2012 y hasta el 2014, la Nación asignará recursos adicionales al Ministerio de Educación para que sean distribuidos entre las instituciones de educación públicas, según el grado de complejidad de las mismas. Esas partidas, según la citada ley, servirían, entre otros asuntos, para la formación del recurso docente, la investigación y la innovación, además de la ampliación de cupos estudiantiles.

Dejar parte de esa financiación al capital privado, es uno de los puntos candentes, que ha provocado la protesta. Otro, es la creación de universidades privadas con ánimo de lucro. Según el rector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, “la universidad privada con ánimo de lucro, por definición, no es una buena universidad. Ninguna de ellas está ubicada en los principales puestos de los rankings universitarios internacionales”.

Según el mismo rector, las alianzas entre la empresa privada y las universidades públicas, que son ya de vieja data, no generan recursos adicionales para el funcionamiento de las universidades y “deben ser vistas como un aporte de la universidad al desarrollo del país y a las empresas”.

Los nuevos debates, sobre todo desde la iniciativa de rectores, estudiantes y profesores, interrogan acerca de qué clase de universidad requiere el país, cuál el tipo de educación y hacia qué horizonte deben apuntar las reformas. Además, como en los años setenta, se escuchan voces de defensa de la universidad pública y de la autonomía universitaria.

El caso es que la reforma a la Ley 30 parece dejar sin recursos suficientes a las universidades públicas y ha puesto en alerta a los estamentos universitarios, que ya comenzaron a implementar sus protestas y repulsas, en general de un modo civilizado y con altura, como sucedió la semana pasada.

Es interesante observar que a las marchas estudiantiles se sumaron los trabajadores, con consignas contra el gobierno neoliberal de Santos, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y por la libertad de cátedra y la asociación sindical. Bailes, pantomimas, “happenings” y otras expresiones culturales hicieron parte de las demostraciones por la defensa de la universidad pública. Parece que el fantasma de los movimientos estudiantiles de hace cuarenta años, comienza a recorrer Colombia.

 

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