Por: Columnista invitado

Proyecto Brasil

Durante la celebración de los 10 años del Partido de los Trabajadores al frente del gobierno federal, denominado “el decenio que cambió a Brasil”, el expresidente Lula lanzó la candidatura de la presidenta Dilma Rousseff para las elecciones de 2014, al enfatizar que “pase lo que pase, vamos a elegir a Dilma nuevamente”.

Algunos días después el Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), que tiene como ícono al expresidente Fernando Henrique Cardoso, realizó en Belo Horizonte, Minas Gerais, el seminario “Minas piensa Brasil”, interpretado como un espacio para lanzar de candidato a la Presidencia en 2014 al exgobernador de Minas Gerais Aécio Neves, con la meta de “construir una nueva agenda nacional para el PSDB”.

Durante la convención nacional del Partido del Movimiento Demócrata Brasileño (PMDB), el 2 de marzo, se selló la alianza PMDB-PT con la confirmación del nombre del actual vicepresidente, Michel Temer, recién elegido presidente nacional del partido, para disputar como fórmula de la presidenta Dilma Rousseff.

El escenario nacional indica que, informalmente, la disputa hacia la elección de 2014 ya empezó. Ese anuncio se da en medio del decrecimiento del PIB, —0,9 más bajo que las expectativas del Gobierno— y del éxito incontestable del Brasil Sin Miseria —implementado por el gobierno actual con vistas a seguir la política de inclusión social y económica de su antecesor—, el cual logró sacar de la pobreza a 19,5 millones de personas entre 2011 y 2012.

En una década en el poder, el PT implementó una política exterior independiente y políticas sociales como Hambre Cero y Bolsa Familia; además abogó por la agricultura familiar, por la reforma educativa, cumpliendo parcialmente sus promesas de campaña.

En 2013, el desencanto con relación al PT se refiere a la ética, alianzas espurias con partidos tradicionales, evidencias de su involucramiento con esquemas de corrupción, normalmente utilizado por sus antecesores, pero inconcebible para un partido que llegó al poder respaldado por la mayoría de la población.

El lanzamiento de la candidatura de la presidenta Dilma Rousseff para 2014 hace pensar si realmente está relacionado con la continuidad de un proyecto de Brasil que en varias dimensiones funcionó, o si es un proyecto para que el PT se perpetúe en el poder. Si es la continuidad, la primera promesa que el PT tendrá que cumplir es el rescate de su ética, recordar su lucha en pro de la democratización de Brasil y algunas promesas esenciales incumplidas: las reformas agraria, laboral y tributaria.

 

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