Por: Columnista invitado

A prueba de críticas

Cincuenta sombras de Grey, la película basada en el libro del mismo nombre, que se estrena hoy, parece ser la saga de los millones: al menos 100 millones de copias de la trilogía de libros han sido vendidos en 52 idiomas en todo el mundo.

Más de 35 millones de personas han visto el tráiler de la cinta y se espera que, sólo en su primer fin de semana, la adaptación cinematográfica recaude US$60 millones, cuando menos.

Para su enorme éxito comercial, los libros, y ahora la película, han recibido cientos, miles, de críticas, reseñas negativas y, más recientemente, una serie de protestas de organizaciones sin ánimo de lucro que van desde asociaciones de padres de familia cristianos, instituciones que defienden los derechos de la mujer y centros de ayuda contra la violencia familiar y de género. “Me parece peligroso glorificar el estereotipo de que una mujer puede curar los males de un hombre si tan sólo lo ama lo suficiente”, ha dicho una de las líderes de las protestas en el Reino Unido.

En el lado literario, Salman Rushdie y Stephen King han sido dos de los voceros de una avalancha de reseñas desfavorables contra los libros. Rushdie escribió que Cincuenta sombras de Grey “hace parecer a Crepúsculo (la saga de vampiros adolescentes) como si fuera Guerra y paz”. King, a su vez, dijo de Crepúsculo que es “porno para adolescentes y no es una novela acerca de vampiros y hombres lobo, sino sobre la posibilidad de que el amor de una niña pueda convertir en bueno a un niño malo”.

Sobre la película, que tuvo su primer estreno esta semana en el Festival de Cine de Berlín, la Associated Press escribió que “ha habido comerciales de perfumes con más profundidad en la historia”.

Nada de esto parece importar. Como escribió una periodista de The New York Times, “Cincuenta sombras de Grey es a prueba de críticas”. A pesar de su éxito comercial, la saga quizá destapa un nivel de análisis acerca de la representación del erotismo, la sexualidad, la obscenidad y la pornografía. D.H. Lawrence, en el libro Lo erótico como sagrado, afirma: “a lo erótico se le cuelga el rótulo de pornográfico, y las expresiones normales y directas de lo sexual son consideradas obscenas. A la inversa, ciertas deformaciones francamente pornográficas, revestidas del disfraz de decoro, pasan por eróticas”.

Parte de la mercancía relacionada con la saga incluye juegos de mesa, ropa para bebé con la leyenda “Mi mamá leyó Cincuenta sombras de Grey hace nueve meses”, ediciones especiales de suavizantes para ropa, té y productos de ferretería, además de un oso de peluche con juego de esposas y antifaz y funciones especiales de la película para que los padres solteros puedan encontrar, ahora sí, el amor de su vida en las salas de cine.

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