Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Publicidad política desgastada

ES PROBABLE QUE EN EL ALUD DE PUblicidad política que estamos padeciendo por estos días previos a las elecciones para Congreso y consultas internas de dos partidos, haya quienes todavía decidan su voto al oír una cuña, o al ver un afiche o un aviso pagado en la gran prensa. En mi caso personal, tengo averiguado que toda esa basura publicitaria me genera más resistencias que simpatías.

No recuerdo haber escogido a alguien porque me pareciera convincente su autopromoción, o porque lo encontrara bien vestido, como tampoco estaría dispuesto a votar por ninguna señora jamona sólo porque nos amenace con el cuento de que si gana perdemos todos cuando le dé por cumplir su promesa de empelotarse en público. Ah, es que el alboroto publicitario es tan grande, que hasta una reconocida revista de farándula decidió darles carátula a tres reconocidas damas del estrato seis, presentándolas como las nuevas caras de la política, como si no llevaran años deambulando tras bambalinas por los vistosos salones de la vida pública. ¡Hágame el favor!

Esa, por supuesto, es la parte liviana de las campañas publicitarias. Pero hay una más seria y preocupante. Por ejemplo, la que promueve a Andrés Felipe Arias, a través de las declaraciones de unos “desprevenidos” partidarios suyos que salen diciéndole al presidente Uribe que se tranquilice, porque el próximo 14 de marzo van a votar por “Uribito”. En otras palabras, la publicidad apunta a vender la idea de que el hombre de Agro Ingreso Seguro, es el ungido por la “Casa de Nari”.

¿Sabe el presidente Uribe que Arias está haciendo esa publicidad en la que lo utiliza descaradamente? Asumo que es difícil no saberlo, porque es avasalladora su presencia en todos los canales de televisión. ¿Lo supo previamente a que saliera al aire? Es probable que no, pero tratándose de un mandatario tan omnipresente como Uribe, creo lo contrario, porque de otra forma su silencio frente a la provocadora cuña televisiva sólo puede interpretarse como una señal en favor de su ex ministro.

El propio presidente Uribe declaró esta semana que no era hombre de guiños. Lo que dice no coincide con lo que hace y con lo que deja hacer a sus amigos. Su exhortación a la ciudadanía para que consienta con su voto sólo a los candidatos uribistas que le sean leales, es decir, que se le arrodillen o piensen como él, es una invitación descalificadora de Germán Vargas Lleras, Noemí Sanín, otrora alfiles del uribismo. Hasta razón tendrá Uribe, eso no es un guiño sino una agresión.

Un estadista auténtico no le sugiere de ningún modo al pueblo que vote en un determinado sentido, sino que participe en el proceso electoral, así sea para apoyar opciones políticas contrarias a la suya. Uribe no lo ve así, sus intervenciones siempre traen las cartas marcadas, por eso se siente tan cómodo con la publicidad de Arias. Y el procurador Ordóñez no ha dicho ni dirá ni pío, pues por andar lamentándose del descalabro de su disparatado concepto sobre el referendo, parece no haber entendido cuál debe ser el papel del ministerio público en las elecciones que se avecinan.

Y mis paisanos del Valle del Cauca, esta semana sorprendieron con un lema publicitario insólitamente regionalista. “Vallecaucano vota vallecaucano”. El mensaje no puede ser más grotesco. Con qué cara los aspirantes vallunos al Senado podrán pedir los votos paisas, llaneros, boyacenses, bogotanos, tolimenses, costeños, pastusos, etc., si en su propio terruño han desatado un estigma a los “extraños”.

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Adenda. A propósito, ¿sabe alguien si el venezolano J.J. Rendón, tristemente célebre por sus actuaciones en la pasada jornada electoral, está otra vez de “asesor” en la actual campaña? ¿Sabrán algo José Obdulio, Juan Manuel o Facho Santos?

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