Por: Marcos Peckel

Pueblo y democracia

"Las democracias están en crisis" es seguramente una frase que ha acompañado al sistema democrático desde su concepción, donde sea que ésta haya sido, quizás en Atenas. Varios son los síntomas de la crisis de la democracia, entendiéndola como el sistema donde los gobernantes son elegidos bajo el principio de “una persona, un voto”.

Hay un divorcio entre los electores y los elegidos, una fragilidad del Estado frente a poderosos intereses particulares, políticos que una vez elegidos se dedican a promover sus propios intereses y una sensación generalizada, como lo demuestran varias encuestas, de desencanto con el sistema y sus instituciones, lo que se refleja en un aumento sustancial de los índices de abstención en casi todos los países democráticos.

En momentos de aguda crisis económica como la actual, arrecian las contradicciones entre los pueblos y los gobernantes. Los estados son presa de los “mercados”, como una fuerza sobrenatural que se impone sobre la sociedad, arrollando la voluntad popular y creando un círculo vicioso donde se obliga a gobiernos a tomar medidas que atentan contra el bienestar de la población en aras de complacer y salvar al sistema financiero, lo que socava más aún los principios democráticos. Los gobiernos ya no tiemblan frente al pueblo sino frente a las calificadoras de riesgo.

Todos los componentes del sistema están en crisis. La financiación de las campañas, la organización de los partidos, la falta de transparencia, la inexistente comunicación entre elector y elegido, las elecciones mismas, la pesada burocracia estatal y, en general, la incapacidad del sistema de hacer que elegidos respondan por sus actos (accountability).

La tecnología, las redes sociales y los medios imponen un nuevo desafío a gobiernos democráticos, presionándolos a que respondan de manera rápida a todo tipo de causas y reclamaciones. La corrupción campea como otro síntoma de fragilidad institucional, incluso en democracias maduras. El Reino Unido, por citar sólo un ejemplo, ha sido sacudido por un mayúsculo escándalo por la manipulación de la tasa de interés, la Libor, entre el banco central y el banco privado Barclays. En Europa, la legitimidad de las instituciones de la Unión Europea está siendo fuertemente cuestionada.

¿Cómo mejorar y blindar el sistema? ¿Más democracia? ¿Profundizando el debate y la participación ciudadana? ¿Reestructurar las instituciones? Partiendo de la base de que no existe la democracia perfecta si se requieren nuevas ideas para dinamizarla, pues las alternativas no son otras que populismo chavista o autoritarismo chino.

Pero, como lo demuestra la Primavera Árabe, sociedades que han sufrido regímenes autoritarios luchan y mueren por un sistema democrático y por el derecho al voto, reforzando una vez mas lo que alguna vez dijo Winston Churchill: “La democracia es el peor sistema de gobierno, excepto todos los demás”.

 

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