Por: Carolina Botero Cabrera

¿Puede limitarse el análisis del discurso político? Sí, dice Twitter

Hay proyectos que aprovechan Twitter para analizar el discurso político, por ejemplo, evidenciando los tweets que borran los funcionarios elegidos popularmente.

Twitter decidió que eso no está bien.

La iniciativa bloqueada, Politwoops, es articulada en varios países por la Open State Foundation como un mecanismo de rendición de cuentas que mostraba los tweets eliminados en las cuentas de políticos elegidos. Twitter canceló el acceso a la API –el programa que permite interactuar con el contenido y mostrar los tweets eliminados–, afirmando que violan los términos de uso y lo justifican porque todos sus usuarios son iguales, y es que “borrar un tweet es también la expresión de la voz del usuario”.

El caso supone varios retos, en primer lugar, evidenciar que aunque puede haber una tensión de derechos, tal restricción riñe con estándares internacionales de libertad de expresión. Internet como herramienta para el ejercicio de este derecho es importante por su capacidad para permitirnos construir opinión, informarnos y darla a conocer. La agilidad de Twitter para dar voz en forma rápida y concisa hace que personalidades políticas anuncien posiciones, respondan cuestionamientos e incluso tomen decisiones allí. Evitar el análisis de ese espacio por organizaciones sociales (mientras que se facilita a quien puede pagar por el uso ilimitado del API), sin duda limita la libertad de expresión en forma desproporcionada, especialmente tratándose de políticos elegidos, que deben ser más tolerantes al escrutinio de su vida pública.

Aunque es el Estado quien protege y garantiza los derechos humanos, hoy reconocemos que también hay obligación de las empresas. Precisamente, está el reto de reconocer que si Internet es foro o “plaza pública”, el discurso político se está desarrollando en “centros comerciales” que alegremente promueven espacios públicos para recibir a usuarios y atraer ventas. Sin embargo, parecen asustarse cuando tienen éxito, cuando se convierten en “la” plaza pública, cuando se vuelven monopólicos.

En Colombia, Twitter prácticamente no tiene competencia como espacio de discurso político, pero no nos hemos percatado de su importancia. Conozco alguna iniciativa buscando recursos y haciendo ensayos para leer lo político en Twitter. Habrá que hacerle seguimiento y reclamar ese espacio como público aunque se desarrolle en canales privados.

 

 

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