Por: Alejandro Gaviria

Pugilato

Siempre se juntan en el mismo rincón. Ninguno espera convencer al otro. Todo lo contrario: ambos aspiran a reforzar sus convicciones, a entrenarse para el diálogo más complicado (y honesto) que suelen tener consigo mismos.

“Usted parece no entender la lógica del asunto: si el Estado ha estado ausente por décadas y décadas, la mayoría percibirá al Ejército como una fuerza invasora, como un ejército de ocupación. Un Estado manco jamás tendrá legitimidad. La mano derecha necesita la mano izquierda. Así de simple”.
“Pero la ausencia del Estado muchas veces tiene como origen el rechazo mismo al Estado. No por casualidad las montañas del Cauca son el último reducto indígena en Colombia. Allí a duras penas llegaron los españoles. Allí nunca se asomó la Colonización Antioqueña. Allí la hostilidad ha sido una constante histórica. El Estado no va a estar donde no lo quieren”.

“Pero el rechazo es una reacción obvia y entendible ante una fuerza extraña e ilegítima. En la Conquista, en la Colonia o en la República”.
“Pero, entonces, estamos ante un círculo vicioso: se rechaza al Estado porque no existe y el Estado no existe porque se rechaza. Sea lo que sea, la ausencia del Estado (esa explicación enlatada) no ha sido tan grande como se dice. ¿Sabía usted que el porcentaje de personas con necesidades básicas insatisfechas es mucho mayor en Lorica (Córdoba), San Onofre (Sucre), Plato (Magdalena), Cáceres (Antioquia) y Ataco (Tolima) que en Toribío (Cauca)? Podría citarle otros cien municipios. Más que mayor Estado, muchas regiones de Colombia necesitan más mercado”.

“¿No están muchas comunidades ancestrales siendo insertadas a la fuerza en los mercados internacionales, esto es, siendo amenazadas por compañías mineras y demás? ¿No es precisamente el narcotráfico una forma violenta y destructiva de conectarse con los mercados?”

“El principal problema del Cauca y otras regiones de Colombia no es la falta de Estado, sino la falta de oportunidades económicas para los jóvenes, oportunidades que deben venir del sector privado. Los cultivos ilícitos son el resultado del aislamiento económico. A los jóvenes los reclutan los grupos armados con la promesa de un almuerzo. El problema en discusión se arregla con carreteras, con empresarios, con iniciativa privada, no con utopías burocráticas”.
“Empresarios que, como ha ocurrido en otras partes, lleguen a comprar tierras y a desplazar las poblaciones, a convertir a los indígenas en peones de su codicia o proletarios de su ambición. Si eso es a lo que usted llama desarrollo, ya entiendo por qué las comunidades lo rechazan con tanta vehemencia”.
“Esos son prejuicios suyos. Recuerdo haber leído, hace ya algunos unos años, la historia de un líder indígena chileno quien, ante la promesa del Gobierno de promover la educación bilingüe en su comunidad, replicó: ‘Sí estamos interesados en el bilingüismo, queremos que nos enseñen inglés’”.

“En su concepción del desarrollo no hay espacio para la diversidad. ¿Por qué no propone de una vez por todas que los indígenas emigren y se conviertan en obreros de la construcción?”

“¿Y usted qué propone? Cien años más de soledad”.

Los dialogantes se despidieron calmadamente. La experiencia les ha enseñado que la economía no es otra cosa que un diálogo sin principio y sin fin sobre las posibilidades y las dificultades del cambio social.

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