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Habrá alborozo en la oposición por los resultados de la reciente encuesta de Datexco. En efecto, los niveles de popularidad del presidente son bajos y, peor, al desglosar el gobierno tema por tema, la situación es muy desfavorable.

No obstante, no me detendré en eso. Esas son cifras de coyuntura. No es que crea que en lo inmediato van a mejorar dramáticamente, sino que ya casi hoy todo gobierno soporta elementos que antes no existían: encuestas y redes sociales. Un entramado que puso sobre el tapete la campaña permanente. No hay gobernante hoy que pueda respirar después del triunfo y concentrarse estratégicamente en los temas de fondo. La Presidencia es una campaña sin fin. Esto es más democrático, pero al mismo tiempo altera la construcción de políticas sobre temas fundamentales de largo plazo.

¿Dentro de 100 años, qué dirán los manuales de historia sobre la situación actual? ¿Fuera de un óleo en los corredores de la Casa de Nariño, cuál será la memoria sobre Iván Duque dentro de dos o tres generaciones?

La respuesta no pasa por las cifras coyunturales de la encuesta.

En cambio, si nos adentramos en las otras, las que muestran el entramado institucional, la situación es alarmante. Nuestra dirigencia ha convertido la discusión política en un juego de tiro al pichón. A ver quién es mejor golpeando la estantería.

Que aumenten las cifras de quienes piensan que el país va por mal camino tiene detrás la lógica de la pandemia cuya ventaja es que o nos mata, y parte sin novedad, o el virus se marcha debilitado. No pasa lo mismo con la situación de seguridad. La percepción es muy negativa, lo cual es grave para un gobierno que en esta materia bebe en las fuentes de la Seguridad Democrática. Solo el 8 % dice que ha mejorado. En cambio, la cifra de los que piensan que se ha deteriorado sube como cohete. El retrovisor empieza a empañarse.

La caída de las Fuerzas Militares es dramática, sobre todo la del Ejército. En un año redujo su imagen favorable a la mitad. A duras penas se mantiene con un pequeño saldo positivo. La Policía, en cambio, se desbarrancó. Los abusos pasaron su cuenta de cobro. Todos los órganos de control, las cortes y la Fiscalía navegan en aguas negativas. Solo repunta la Iglesia católica.

La sociedad sigue siendo bastante conservadora: no al porte de dosis mínima, no al aborto, no a la adopción de niños por parejas del mismo sexo y un empate en la fumigación.

La imagen del doctor Uribe no ha vuelto a las cotas positivas que lo han acompañado por largo rato. Pero la mala imagen sí ha caído y mejorado en igual proporción su favorabilidad. Al calcar esta gráfica con la imagen de la Corte Suprema, hay una armonía indiscutible. Y perversa. Cada uno ha “rebajado” su desfavorabilidad en igual proporción. Ambos sacan ventaja aunque se mantienen en la esfera negativa. En el largo plazo, pierde el país.

En estos seis meses la imagen negativa de Petro ha crecido. ¿Qué pensará?

La democracia es disenso. Pero aquí lo que vemos es la presencia creciente de fallas geológicas en nuestra organización estatal y social. El primer acuerdo sobre lo fundamental es el acuerdo para el desacuerdo. Un desacuerdo que preserve lo esencial.

Coda.: Nuevamente ataca el dolor por la muerte de Chucho Bejarano. Qué desperdicio. Buena la entrevista de Francia Márquez. Se necesitan más mujeres.

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