Por: Ignacio Zuleta

Purga y salud

Entre la gente de nuestro país que aún conserva algo de su origen campesino persiste la práctica de «descargar el hígado». Esta sabiduría popular es antigua y universal.

Las abuelas solían purgarnos cada tanto con aceites y yerbas amargas. Y aunque el concepto moderno de purga se limita al arsenal químico para desparasitar, una purga es mucho más que eso. Entre nuestros indígenas está vivo el conocimiento de cientos de plantas purgantes y eméticas, que en realidad están en la base de su sistema de salud. En la India, después de las bodas y el crícket, la obsesión nacional consiste en mantener limpio el sistema digestivo: el eufemismo para estreñido es triste, y hay preocupación cuando la evacuación diaria no ocurre, de manera que la solucionan de inmediato con las plantas que el ayurveda provee para ello.

Yo no soy médico, pero es evidente que la salud integral depende en buena parte del hígado y el colon. La ingesta y acumulación de toxinas provenientes de una mala alimentación crean en el intestino una capa mucosa que impide la absorción de los nutrientes y que retiene las sustancias negativas en vez de eliminarlas. Estos venenos que no son eliminados pasan al torrente sanguíneo y producen enfermedades físicas y mentales, que van desde la artritis hasta el mal genio crónico. Así que la purga también opera en el alma, pues una limpieza adecuada de las vías digestivas y biliares va acompañada de una limpieza de pensamientos tóxicos.

Y es que la efectividad de las plantas no reside solamente en los principios activos que contienen. Estos seres vivos tienen una energía propia que distintas culturas han denominado dueños, elementales o espíritus de la planta, entre otros. Es una energía vital, bien conocida por los jardineros que les hablan a las plantas y los médicos tradicionales, que interactúa con nuestra realidad sutil y restaura la salud.

Hoy en día creemos que la salud viene de afuera. Se ha distorsionado tanto el concepto que en Colombia es sinónimo de EPS, hospital, droga, inyección y suero vitaminado. Hemos perdido contacto con las señales del cuerpo. Si se me permite la escatología, el loable invento del inodoro ya nos quita una posibilidad de diagnosticar el estado de la digestión. Además, las medicinas químicas que están hechas para tratar los síntomas y no la enfermedad nos impiden un diagnóstico básico e impiden tomar correctivos con remedios elementales, caseros y económicos, en un país en donde los fármacos están entre los más costosos del continente.

Estamos atrasados en la promoción de gestores de salud que recuperen la sabiduría ancestral y nos permitan la profilaxis doméstica, incluidas allí las necesarias purgas regulares bajo guía adecuada. Desde luego, los médicos no tradicionales de la cofradía de la bata blanca (según la OMS, los tradicionales son los que utilizan «creencias y experiencias indígenas», generalmente de origen botánico) patalearán, diciendo que el boldo y la verbena tienen efectos secundarios. ¡Como si no los tuvieran la aspirina y los corticoides!

Nota: Es importante asesorarse adecuadamente en la utilización de plantas medicinales. La natural es una farmacia que también tiene sus boticarios.

 

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