Por: Daniel Mera Villamizar

Putin, Duguin y el momento de las ideas liberales en Colombia

Carlos Caballero Argáez, Eduardo Posada Carbó, Santiago Montenegro —e indirectamente Salomón Kalmanovitz— reaccionaron a la entrevista de Vladimir Putin en el Financial Times.

Los cuatro son reconocidos pensadores liberales con espacio en los medios, junto con Jorge Humberto Botero y Armando Montenegro. Dos de ellos se muestran preocupados por el liberalismo como filosofía política en Colombia.

“Los liberales de manera de pensar sí que estamos preocupados con la polarización ideológica en Colombia y la división, casi por mitades, entre el populismo de derecha y el de izquierda”, anota Caballero Argáez.

Y Kalmanovitz, con su tono, dice que “se han apropiado del poder personajes de la extrema derecha … en Brasil y en Colombia  por interpuesta persona, afortunadamente sin mayorías parlamentarias”.

“Cuando ataca al liberalismo”, dice Santiago Montenegro, “Putin está atacando la sociedad abierta, la misma que rechazan muchos sectores de extrema izquierda y de extrema derecha de nuestros países y que guardan silencio ante sus declaraciones”.

En cuanto a Putin, la discusión intelectual interesante es con su ideólogo de cabecera, Aleksandr Duguin, autor de "La cuarta teoría política". Duguin, suficientemente inteligente, culto y mesiánico al modo de Marx, pretende articular la teoría posterior al liberalismo, el comunismo y el fascismo, ni más ni menos.

Duguin ha encontrado en Putin al líder geopolítico cuyas acciones lo vuelven un intelectual verdaderamente influyente en el mundo.  Las declaraciones de Putin al Financial Times pueden parecer burdas, pero detrás hay una visión densa, que hacen bien en tomar en serio los intelectuales liberales colombianos.

Y sí, comparto la preocupación de Caballero Argáez y Kalmanovitz, pero desde un diagnóstico distinto. La personalidad de Colombia ha sido liberal-conservadora incluso desde antes de la Independencia, pero su pensamiento político dominante ya no lo es por efecto de la Corte Constitucional,  una evolución que cumple más de dos décadas.

Los intérpretes del “nuevo constitucionalismo” han logrado que los conceptos de liberal y de progresista se tomen como sinónimos entre los formadores de opinión, cuando con frecuencia lo progresista  es antiliberal o iliberal. Por la vía progresista, especialmente el carril del multiculturalismo, nos hemos alejado de premisas liberales.

El motivo de la preocupación lleva una larga incubación, no es por la relativamente reciente polarización. En buena parte la polarización estalló porque en La Habana negociaron principios e instituciones caros a la personalidad liberal-conservadora colombiana.

El propio Humberto de la Calle nos notificó en 2016 que él no era el firme defensor de nuestra tradición filosófica-política. En “Democracia: ¿Ocaso o Transformación?” admitió que necesitaba  un  “GPS que señale si estamos en el ocaso de la democracia liberal, o en el amanecer de una nueva gobernanza postmodernista”.

Las Farc, para disipar dudas, se jactaron de haber dejado “mojones” en el acuerdo para “trascender la organización democrático-liberal” de la sociedad,  como en efecto se ve con una lectura atenta del “tomo 2” (ilegítimo) de la Constitución. 

Así que cuando el fenómeno electoral de Petro en 2018 mostró que podíamos caer en un populismo adverso a la democracia liberal y al mercado, la polarización fue inevitable. Ciertamente, la coalición que nos salvó provisionalmente del populismo tiene una franja de conservadurismo social contrapuesta al liberalismo en la moral, y el neoliberalismo económico en ella no tiene carta blanca.

Habría que bajarle a la exageración en la preocupación por las ideas liberales en Colombia, reconocer la moderación del presidente Duque y admitir que casi todos somos impuros filosóficamente hablando.

@DanielMeraV

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2019-07-20T01:30:00-05:00

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