Por: Mauricio Botero Caicedo

Putin y Xi Jinping: paramédicos

¿Alguien en su sano juicio pone en duda que la economía venezolana está en cuidados intensivos? Si el poder adquisitivo de la moneda es un indicativo de la salud económica de un país, Venezuela es un enfermo terminal. Para el diario Portafolio, “la devaluación del bolívar parece no tocar fondo… la moneda venezolana se cotizaba ayer en el mercado paralelo a 21.105 unidades por dólar, lo que significa una devaluación de 567 % durante 2017, ya que comenzó el año en 3.164 bolívares… A pesar de que el gobierno venezolano repite que la depreciación de la moneda se debe a una “guerra económica” que se libra desde Estados Unidos, la realidad es muy sencilla: nadie quiere tener bolívares en su bolsillo”.

Pero a este enfermo terminal, al que semanas le faltaban para entrar en cesación de pagos, le llegaron varias balas de oxígeno, cortesía de Vladimir Putin y de Xi Jinping, hoy convertidos en paramédicos y salvavidas de las dictaduras socialistas. Respecto al nuevo aire que Putin le está brindado a Maduro, el economista Moisés Naím afirma: “A primera vista puede parecer extraño que Rusia intervenga en un país tan alejado de sus fronteras y que da la impresión de estar precipitándose hacia la ruina total. Pero los lazos de amistad entre Rusia y Venezuela vienen de atrás, del primer viaje del difunto presidente Hugo Chávez a Moscú en mayo de 2001… Venezuela llegó a ser uno de los mejores clientes mundiales de la industria armamentística rusa. Entre 2001 y 2011 le compró armas por valor de US$11.000 millones… Al principio los contratos estaban garantizados, en su mayoría, por las ventas de petróleo venezolano. Pero los acuerdos comerciales fueron volviéndose más complejos cuando los rusos empezaron a exigir más activos materiales como garantía. Caracas accedió, y las empresas rusas a través de las que se realizaban los contratos obtuvieron acciones de las compañías petrolíferas e incluso el derecho a explotar yacimientos enteros en Venezuela”.

Los rusos y los chinos fueron unos de los pocos gobiernos extranjeros que aprobaron la reciente disolución de la Asamblea Nacional de Venezuela. Pero no es sólo eso: Moscú y Pekín han decidido que indistintamente de la inviabilidad del modelo económico, están dispuestos a convertirse en los prestamistas de último recurso del socialismo del siglo XXI. En opinión de este columnista, el apoyo de Rusia y China a las dictaduras corruptas en América Latina es una política torpe y cortoplacista. Rusia, que en esencia es un país petrolero tercermundista con un ejército del primer mundo, depende para su propia supervivencia de los precios de los hidrocarburos, precios que en un futuro cercano, con el advenimiento irreversible de la era del transporte eléctrico, se van a desplomar. Un país como Venezuela no va a tener la más mínima posibilidad de poder cumplir con sus obligaciones, y mantener a Maduro en el poder va a ser un costo que difícilmente el Kremlin se puede dar. China, por otra parte, depende del comercio exterior para sostener el importante ritmo de crecimiento de su propia economía. A su vez, la capacidad de los países de poder comprar en el exterior depende de la destreza en generar divisas. Cuando China mantiene vivos artificialmente a Estados fallidos, con economías socialistas inviables, en el fondo lo que está haciendo es clavarse su propio cuchillo.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mauricio Botero Caicedo

Faltando menos de diez minutos

Dudas… serias dudas…

Mientras haya coca, no habrá paz

Los mamertos también tienen su Davos

Por cada nueva reglamentación, ¡eliminar dos!