Por: Marcos Peckel

Qatar y el Golfo

Doha. Tribus con banderas  llamó alguna vez un historiador a estos países del Golfo que  a lo largo del siglo XX convirtieron en Estados  territorios ancestrales controlados por dinastías tribales centenarias para de esa forma  adquirir legitimidad  e insertarse en el orden mundial.

Kuwait, Emiratos, Qatar, Omán, Bahréin y Yemen fueron protectorados británicos hasta bien pasada la segunda mitad del siglo pasado, gracias a lo cual los saudíes no se los “tragaron” como hicieron con los hachemitas, dinastía expulsada del Hejaz, territorio donde se encuentran los lugares sagrados del Islam, Meca y Medina. A los Hachemitas, los británicos les regalaron Jordania.

El islam imperante en estos países del golfo con la excepción de Omán es el Wahabismo,  legado de un predicador islámico del siglo XVIII que se alío en su momento con la dinastía saudí. Las mujeres en su gran mayoría visten la Abaya negra y una de cada tres el nikab que cubre la cara dejando apenas una hendija para los ojos. Los hombre visten de túnica blanca  y Kefia.

El petróleo y el gas que abundan en cantidades cósmicas en estos desiertos enriquecieron de manera desorbitada a las dinastías reinantes, lo que permitió a ciudades como Dubái, Abu Dabi y  Doha convertirse en modernas metrópolis rebosadas de autopistas, estrafalarias edificaciones de ladrillo y vidrio y concesionarios de Ferrari, Maserati y Rolls Royce.  Jeques árabes del golfo  se han hecho a  gran cantidad de empresas extranjeras y  equipos de futbol.

En Qatar y  Emiratos sólo una minúscula proporción de los habitantes son árabes ciudadanos. El resto, entre un 80 y un 90%  son trabajadores extranjeros estratificados. De Filipinas, Bangladesh, Nepal, India y Pakistán los obreros, domésticas y limpia calles, de Occidente los directores y gerentes de las grandes empresas, arquitectos y  pilotos.  Los ejércitos dotados del más moderno armamento occidental están constituidos en parte importante por mercenarios de diversos países, entre ellos Colombia.  

Desde junio del año anterior Qatar sufre un férreo bloqueo por parte de sus vecinos y Egipto, acusado de “apoyar el terrorismo”. En la realidad  el bloqueo tiene mas que ver con la cadena satelital catarí Al-Jazeera basada en Doha que revolucionó el rancio espectro mediático en el  mundo árabe.

Los esfuerzos de  mediación por parte de Estados Unidos, que tiene bases militares  en  Qatar, Bahréin y los Emiratos,  han sido hasta ahora infructuosos. Aviones con dirección a  Doha no puede sobrevolar el espacio aéreo  de sus vecinos lo que los obliga a largas variantes por cielos turco e iraní.

Gracias a los servicios de los Blatter, Grondona  y Bedoya a este país sin fútbol le otorgaron la sede del mundial 2022. De día los edificios en Doha brillan con el reflejo del sol de Arabia.  De noche decenas se tornan en fantasmagóricas edificaciones pues están desocupadas y no son más que sombras en la noche, las mil y una noches.

 

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