Por: Lorenzo Madrigal

Qousque tandem abutere…?

ESTA LATINIDAD SONORA ES EL COmienzo de la más famosa catilinaria: "¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?". Algo de contexto histórico: Cicerón acusa en el Senado romano al insidioso —y sedicioso— político Catilina, que no deja en paz a Roma.

No merece el expresidente Uribe una comparación con el insurrecto romano, puesto en evidencia por el gran orador, pero su pertinacia en enfrentar a la justicia, en sus cortes y fiscalías, recuerda el abuso de la paciencia por el que reclama Cicerón.

¿Qué estaba pensando Uribe cuando invitó a un plantón ante la Fiscalía, tumulto que presionaría a la Justicia en un determinado sentido? Su idea era, sin duda, defender a sus antiguos funcionarios del Ministerio de Agricultura de las acusaciones y carcelazos a los que están siendo sometidos.

¿Le parecía poco al exmandatario la persecutoria que les montó desde la Presidencia de la República a los magistrados de la Corte, a sus presidentes Ricaurte, Ibáñez y Arrubla y al magistrado auxiliar Velásquez, entre otros?

“¿Hasta cuándo se jactará de tan desenfrenada audacia?”, se habrán preguntado los altos representantes de la Justicia. Puede pensarse cualquier cosa de estos juicios orales y sobre todo de los carcelazos ligeros que a nadie se le están negando, pero de ahí a que un expresidente se plante ante los tribunales en desconocimiento de un órgano del poder, es inaudito.

Muy parecido a una asonada era lo que se estaba fraguando en el uribismo de pura sangre. Sin embargo, alguien debió susurrarle al oído al expresidente: “Presidente, mire usted que eso no le conviene a su rango y categoría ni al apelativo democrático con que subraya sus consignas”.

No es Lorenzo partidario de cárceles o retenciones de ninguna naturaleza, así sean las legítimas del Estado. En siglos venideros vendrán métodos que sustituyan la forma de sancionar al ser humano y de proveer a la seguridad ciudadana con medidas distintas de las llamadas prisiones intramurales, constituidas en verdaderas ordalías, contrarias a la dignidad humana.

Y si lo que digo es a propósito de la cárcel, como dice monseñor, de los malos o “sucios”, qué no diré de la cárcel que se les prodiga a los buenos o ”limpios”, sin que nuestro querido obispo, vocero de obispos, haya aclarado quiénes son o cómo se reconocen los unos y los otros. No nos ocurra lo del Romancero cuando dice: “…que Dios protege a los malos cuando son más que los buenos”.

Feliz Pascua florida y que excarcelen a todos, que la cosa no es por ahí. Si abren las compuertas de las represas, que abran las de los presos y que más bien sean llamados a reflexionar, si se equivocaron, y a que reparen o sean limitados en determinados derechos. Pero el ser humano no está hecho para hallarse en cautiverio y menos el que no entraña peligro físico para nadie.

 

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