Por: Mario Fernando Prado

Que cante hasta en la Cochinchina

VALIENTE RIDICULEZ LA DE LOS EXIliados cubanos al protestar y condenar el concierto de Juanes el próximo 20 de septiembre en La Habana.

Ni más faltaba que exigieran aplicarle una mordaza a una expresión libre —así sea premeditada— por parte de quienes han convertido a Juanes en un embajador de la armonía continental.

La música —dígamelo a mí— hace milagros y consigue lo que no logran ni la razón ni la lógica. Es más, dicen que quien toca un instrumento jamás empuñará un arma.

 ¿A qué rasgarse las vestiduras con semejante condena, por demás anacrónica y sintomática de la intolerancia con un régimen cada vez más muerto?

Atrás van quedando Fidel y sus secuaces. Hay vientos de apertura tras un bloqueo tan canalla como suicida. En la Cuba de hoy se respira un aire renovador que le hace guiños al capitalismo. Sabe Raúl que así como vienen no resisten más. Hay entonces una mutua oportunidad en la que saldrán ganando unos habitantes quienes ya se enteraron de que la vida no es la miserableza a la que los sometieron la revolución y la contrarrevolución y que hay otras opciones de un socialismo menos ultrajante y más humano.

Juanes & Cía. así lo han entendido y están tendiendo un puente fraternal y solidario de entendimiento. Allá los Trucutús que se quedaron rumiando el resentimiento de  los excesos que se cometieron y dieron origen a los gritos libertarios de la Sierra Maestra.

Si José Pardo Llada viviera, a pesar de su anticastrismo y de haber sido tildado como un gusano que traicionó a la revolución, de seguro habría aplaudido —y asistido de cachete— este concierto.

El concierto de Juanes en plena Plaza de la Revolución y en compañía de homólogos de Estados Unidos, Puerto Rico, España, Argentina y México y con la participación de los cubanos Silvio Rodríguez, Amaury Pérez y el grupo de salsa Los Van Van, tendrá un éxito absoluto y será el paso más importante para abofetear la intransigencia y la exclusión. La música todo lo puede. Entonces que cante y encante allá, y en todas partes.

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