Por: María Teresa Herrán

¿Qué diablos es el acuerdo humanitario?

¿QUÉ BUSCABAN LA FARC CON ESA estrategia de cuenta gotas a la que le han puesto fin, según su último comunicado?

Basta leerlo: sacarse el clavo con el presidente Uribe, ya que uno y otro se echan candela para alimentar un conflicto armado, el cual, por cierto, Uribe cree que no existe. Reconozcamos más bien que no se ha vencido militarmente a las Farc, lo que desearíamos el 99% de los colombianos. Pero otra cosa es alimentar cadenas de odio e ignorar que la población civil está afectada por la simple razón de habitar en el territorio de los enfrentamientos.

Desde el momento en que se formó ese grupo de voluntarios Colombianos y Colombianas por la Paz le pregunté a sus líderes qué quería decir eso de “acuerdo humanitario”. No pude encontrar una respuesta satisfactoria más allá de la liberación de los secuestrados, en lo que el 99% de los colombianos estamos de acuerdo. Cuando le expresé a uno de sus líderes que más que acuerdo humanitario lo que se necesitaba era un proceso de negociación, me contestó: “Eso vendrá después”. Como los grupos sociales son flexibles y entra y sale el que quiera, me quedé en la salmuera de dejar hacer. Fueron innegables los resultados de Piedad Córdoba, Iván Cepeda e instituciones como la Iglesia. Pero se cumplió una etapa.

Ahora, lo que piden las Farc es imposible, en particular un canje (ojo: no emplean la expresión “acuerdo humanitario”) con personas ya condenadas en EE.UU. Tampoco será el presidente Uribe quien asuma un proceso de negociación. Sin embargo, preocupa la simpleza de todos los candidatos presidenciales, que gira más que todo en torno a acuerdo o intercambio humanitario, con propuestas tan sólo reactivas a las Farc, como decirle no al despeje de Pradera y Florida.

Disiento de Claudia López cuando cree que “una solución política negociada es ni viable ni negociable”, porque me parece que desconoce las características horizontales del conflicto. Pero un proceso de negociación no puede ser improvisado, como lo fue el de los paras; y, sin duda, esta orilla está todavía en pañales mientras que, del otro lado, el chantaje continúa.

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