Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

¿Qué es ser primera dama?

Ya pasaron las elecciones y son cientos de esposas de gobernadores y alcaldes electos que a partir del 1° de enero de 2020 deberán asumir la función de primera dama de departamento o municipio.

Mediante las técnicas de comunidad y desarrollo, nombre que llevan mis columnas de opinión en diferentes medios de comunicación desde hace más de 20 años, considero tener autoridad moral para hacer algunas reflexiones para las esposas de los gobernadores y alcaldes elegidos el pasado domingo, funciones que deberán asumir con verdadera responsabilidad y sentido de pertenencia.

Gobernador o alcalde que carezca de una esposa o compañera que lo acompañe en sus actividades oficiales muy seguramente no podrá desarrollar con eficiencia su programa de gobierno, puesto que le falta algo tan fundamental y es la compañía de una mujer, que debe ser en todo momento y durante su mandato la representante del sexo femenino, factor indispensable para adelantar labores sociales y comunitarias.

Siempre se ha dicho a través de toda la historia de la humanidad que “detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”, puesto que ellas, además de mantenerlos moral, espiritual y emocionalmente estables, deben formar parte constante y permanente de lo que son las actividades de su esposo como gobernador, legislador o alcalde, para el caso electoral que nos ocupa.

En las elecciones del pasado domingo 27 de octubre, las mujeres tuvieron el enorme desafío de votar por candidatos que tengan como aliadas en su programa de gobierno a sus esposas o compañeras para que, una vez posesionados en el cargo, ellas empiecen a cumplir funciones como primeras damas del departamento o municipio, según el caso.

¿Pero cuál es el papel que deberán cumplir las primeras damas del departamento o municipio? Definamos algunos parámetros, siempre en concordancia con el programa de gobierno departamental o municipal:

1. La primera dama deberá defender y fortalecer los postulados de principios y valores. Esto con el fin de evitar brotes de corrupción en la jurisdicción de gobierno de su esposo como mandatario regional o municipal.

2. Fortalecimiento del núcleo familiar. Merced a lo anterior, la primera dama deberá buscar por todos los medios, mediante talleres, conferencias, foros, seminarios, diapositivas y otros métodos, llegar a los núcleos familiares que muchas veces se encuentran debilitados y entran en crisis por falta de orientación o un diagnóstico familiar adecuado.

3. Políticas de protección a la niñez. Es tarea de vital importancia, puesto que en los últimos tiempos se está viendo un desenfreno de nuestros niños, jóvenes y adultos, cuando empiezan a practicar el sexo a muy temprana edad o resultan inmiscuidos en bandas criminales que los inducen al consumo y comercialización de drogas ilícitas y de allí, a formar parte de bandas delincuenciales.

Esto se puede evitar creando brigadas juveniles de investigación, cultura y preservación del medio ambiente, generándoles estímulos académicos y sociales.

4. Políticas de protección a la mujer. Es apenas lógico que sea la primera dama la que enarbole la bandera de respeto y prevención de feminicidios, práctica que lamentablemente se ha vuelto viral en todas las áreas urbanas y rurales de nuestros departamentos y municipios.

5. Políticas de protección a la tercera edad. Las primeras damas deben realizar un censo de las personas de la tercera edad en sus respectivos departamentos y municipios, estableciendo diagnósticos sociales para cada caso en particular.

Total, el papel de una primera dama además de visionario debe ser práctico y siempre concordante con el programa de gobierno de su esposo, puesto que muchas veces por hacer protagonismo se salen del marco institucional generando graves problemas de orden administrativo y fiscal.

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