Por: Columnista invitado

¡¿Qué están pensando en el Concejo de Bogotá?!

Por: Mar Candela*

El proyecto de ley sobre  Transmilenio  que dicta  que deben darles las sillas rojas a las mujeres es un error social,  humanitario  y sobre todo político.

 La silla se cede a personas enfermas, discapacitadas, infantes y adultas mayores  o con bebés, no por tacones. No "por ser mujer". Todas las personas saludables sin distingo de  género deben transportarse de pie  mientras las sillas estén ocupadas por las personas con alguna condición especial. Ley debe decir eso.

El Transmilenio es un espacio hostil para toda la ciudadanía en general. No sólo para las mujeres.

Es  inhumano pretender que  todas las sillas rojas sean para las mujeres.

Todas las personas subimos al servicio de Transmilenio agitadas del quehacer diario. Todas las personas saludables,  aun cansadas, y  aun con tacones  si no están en condición de  mayor vulnerabilidad como  las personas ya mencionadas,  podemos  transportarnos en el bus de pie.

Ser mujer no supone  una discapacidad  ni siquiera porque  usemos tacones.

Ya basta de leyes sexistas e injustas.

Ninguna persona justa apoyaría esta iniciativa conociendo la realidad que se vive a diario dentro de Transmilenio. No entiendo qué están pensando  en el Concejo de Bogotá

Rechacé  en la alcaldía  pasada  la idea de vagones exclusivos para mujeres que propuso la exsecretaria de la mujer Martha Sánchez  y me opongo en esta alcaldía a la idea de sillas sólo para mujeres que propone el Concejo de Bogotá.

¿Cómo no lo pueden comprender? No entiendo en qué cabeza, señoras y señores, cabe la idea de que las mujeres debemos aislarnos para estar seguras.

En un estado social de derecho, todas las formas de ser mujer son  respetadas y libres, y donde su integridad  es respetada sin importar quien sea. Es un estado que no promueve normas y leyes sexistas y educa en perspectiva de género con enfoque diferencial.

A nosotras las feministas nos han acusado falsamente  de odiar a los hombres. De suponer que todo hombre es un abusador, acosador y violador per se.  Y cuando se postulan estas leyes  se refuerza esa mentira. Nosotras las feministas no odiamos a los hombres por ser hombres y no creemos que todos los hombres sean potenciales violadores  sólo por ser hombres.

Como  lo están haciendo desde el Estado, en el Concejo de Bogotá, están diciéndole a la ciudadanía  con esa norma que todo hombre es un animal salvaje incapaz de contenerse a sus instintos sexuales. Con esa normal  le dicen a la ciudadanía que todo hombre es factor de riesgo para las mujeres. Pido  que  en el Concejo de Bogotá asuman esa responsabilidad  e informen a la ciudadanía y al país que  de ninguna manera   esto es una iniciativa  aprobada por todos los movimientos  sociales  de mujeres. Muchas personas en el Concejo, en el Congreso, en las esferas de poder político y en  la ciudadanía en general  acusan al feminismo de querer cambiar el mundo por “la munda”.

Nos han ridiculizado a todas las feministas con este tipo de comentarios. Este  imaginario  es reforzado por  el respaldo a esa medida.

Queremos una ciudad donde las mujeres podamos estar en la calle con la tranquilidad de que nadie va a responsabilizarnos de ser víctimas, sin importar nuestra ropa, la hora en que estemos en la calle, nuestra personalidad, si vamos de pie o sentadas en el transporte público  o cualquier otra excusa para  justificar la violencia machista.

Y este trabajo y búsqueda  diaria de un país donde las mujeres y niñas  vivan  con la misma libertad  y seguridad social que los hombres  se ve amenazado con la idea absurda de cederles  a las mujeres las sillas  rojas  del Transmilenio sólo por ser mujeres. Siempre exigiré  al Estado  responsabilidad con cada medida que afecte a las mujeres. Les suplico a concejales(as),  dejando al lado el orgullo que  me caracteriza,  en nombre de todas las colombianas que van a nacer en Bogotá, que no hagan posible esta norma.

Las nuevas bogotanas merecen una ciudad  sin sexismo, sin segregación social a las mujeres, sin leyes que las hagan vivir con la responsabilidad de cuidarse a sí mismas. Una ciudad donde combatir el acoso callejero y la violencia hacia las mujeres no sea aislar a las mujeres de los hombres. Les ruego encarecidamente que no ignoren mi reproche. No cesaré en exigir de un modo u otro que nos respeten como personas y no nos traten como  a un problema  que no tiene solución el cual deben simplemente controlar y aislar para evitar que sea mayor.

Por favor, señores y señoras del Concejo de Bogotá, edúquense en perspectiva de género y enfoque diferencial para que tengan sabiduría a la hora de proponer iniciativas que afectan  la realidad de las mujeres en  la ciudad.

No nos dañen de esta manera.

* Ideóloga Feminismo Artesanal.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

Refugio: una lotería para pocos en Colombia

Turismo sostenible, alternativa para el Amazonas

El antropoceno en Colombia