Por: Rafael Orduz

¿Qué exportamos a Alemania, empresarios?

En términos de valor adquisitivo hoy exportamos menos a Alemania que en el 2001. A su vez, hemos triplicado nuestras importaciones de allí. Siguen siendo las mismas, aunque con menor participación del valor de los combustibles.

En dos décadas, nos consta a todos, el valor de las exportaciones de bienes a Colombia de parte de chinos, coreanos, indios y otras naciones asiáticas no sólo es mayor al de comienzos del siglo. Los productos que importamos de ellos hoy son mucho más sofisticados, con mayor complejidad tecnológica que a comienzos de siglo.

Veinte años, prácticamente una generación, son suficientes para que los asiáticos le dieran la vuelta a su rol en el planeta. Sí, es cierto, hay líos alrededor de la propiedad intelectual y la guerra comercial entre Estados Unidos y China tiene un fuerte componente al respecto. Lo que nadie duda es que en tales países están comprometidos empresarios, universidades y gobiernos a multiplicar sus exportaciones con visiones de largo plazo.

Por allá en el 2001, Huawei, por ejemplo, apenas incursionaba en el mercado de las telecomunicaciones, bastante atrás de los proveedores tradicionales europeos. ¿Quién iba a pensar en los carros indios, en que los teléfonos Samsung agarraran la delantera?

Un ejemplo de poco orgullo patrio es el nulo esfuerzo que entre el 2001 y el 2018 se ha puesto en las relaciones comerciales con Alemania. Siempre un extraordinario socio, con lazos económicos y culturales a la vista, nación comprometida en la cooperación internacional como ninguna otra, resuelta partidaria del proceso de paz, nuestros empresarios no han sabido valorar el enorme potencial de sus mercados.

En el 2001 Colombia exportó a Alemania bienes por valor de US $ 417 millones. En el 2018, las exportaciones fueron de $ US 449 millones, una cifra que, en términos reales, como dicen los economistas, es bastante inferior. En los mismos años, nuestras importaciones procedentes de Alemania pasaron de US $ 486 millones (2001) a US $ 1.748 millones.

No es un cuento sólo de saldo negativo de la balanza comercial entre los dos países a partir de habernos estancado en el monto que exportamos. Ocurre que lo que le vendemos a Alemania está representado, principalmente, por café (40 %), frutas (18 %), grasas (8 %) y combustibles (6 %). No está mal que exportemos fruta, ni más faltaba. Simplemente, es bueno saber que Ecuador nos dejó atrás: sus exportaciones totales en el 2018 ascendieron a US$ 494 millones; las de frutas fueron US$ 260 millones, casi seis veces la cuota de Colombia.

El cambio en la tasa de cambio no parece haber ayudado a mejorar las exportaciones a Alemania. Sin embargo, lo crucial, acá, es el bajo interés de empresarios y sus representaciones gremiales en involucrarse en proyectos verdaderamente innovadores, en comprometerse con nuevos modelos educativos y formativos, dándole mayor sofisticación a nuestros bienes de exportación.

Nos seguirá pareciendo una extravagancia que los coreanos tengan un Ministerio de la Economía del Conocimiento. Y seguimos pensando en los títulos que debemos ponerle a la obsoleta Colciencias.

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2019-07-23T00:00:00-05:00

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